Shalom, Israel; Salam, Palestina

Invitado en la sombra, el pueblo palestino estuvo presente en la FIL. En diversas actividades, los propios israelíes o judíos diseminados por el mundo lo evocaron. Se habló en distintos foros sobre el derecho a la diferencia, implicada en el sincero reconocimiento del otro(a), sobre el hartazgo frente a la guerra, sobre la fragilidad de la existencia cotidiana frente al temor y la incertidumbre. El gran escritor David Grossman, señaló: “No es tolerable invadir a diario la vida de los palestinos”. En distintas actividades que seguí en la FIL, se expresó la urgencia de una cultura de paz. Intelectuales, académicos, artistas, e incluso políticos controversiales, como el presidente israelí, Shimon Peres, en su diálogo con el ex presidente español, Felipe González, insistieron en la inaplazable búsqueda de acuerdos de paz entre Israel y Palestina.

El persistente más añejo conflicto del mundo, se inserta en el complejo mapa geopolítico del Medio Oriente, donde se juega en muchos sentidos no sólo la viabilidad de que el Shalom israelí reconozca al Salam palestino, y viceversa, como búsquedas diversas, encontradas, de la paz desde sus lenguas y sus culturas, sino donde se juega el destino de la humanidad. Ahí, donde todo tiene que empezar por reconocer que la paz está asociada con la justicia, la dignidad y la revalorización de la política, como única vía para soluciones de fondo. Lo militar, como aniquilación del otro-a, como rendición absoluta e incondicional, nunca será solución frente al conflicto, sean cuales sean sus orígenes: la instauración de regímenes teocráticos que hagan imperar a Jehová o a Alá; la dominación del complejo industrial-militar como palanca de poder económico y geoestratégico, al que somete el juego de poder entre las potencias mundiales por el petróleo, la potencia nuclear o la sacrosanta fuerza del mercado global.

En la milenaria persecución y expulsión del pueblo judío, cuya cúspide fue su expulsión de España en 1492, junto con la expulsión de los moros, se expresa con fuerza un conflicto que se confinó hacia el Medio Oriente. Amos Oz, otro gran literato judío, expresa  las dramáticas similitudes y diferencias entre Israel y Palestina, en el discurso pronunciado al recoger el Premio Kafka (24-10-2013) en Praga: “Israel es un campo de refugiados. Palestina es un campo de refugiados. El conflicto entre israelíes y palestinos es un choque trágico entre dos derechos, entre dos antiguas víctimas de Europa. Los árabes fueron víctimas del imperialismo europeo, del colonialismo, la opresión y la humillación. Los judíos fueron víctimas de la persecución europea, de la discriminación, los pogromos y, al final, una matanza de dimensiones nunca vistas. Es una tragedia que esas dos antiguas víctimas de Europa tiendan a ver, cada una en la otra, la imagen de su pasada opresión.”

Quienes en los hechos se oponen al mutuo reconocimiento de sus respectivos Estados, son minoría entre sus pueblos, pero son los que tienen el poder y lo usan para alimentar la guerra. Los pueblos de Israel y de Palestina se distancian de los fundamentalismos religiosos judíos e islámicos, cada uno de ellos atravesados por sus mortales diferencias internas: los ultra-ortodoxos judíos o la guerra fratricida entre chiítas y sunitas; entre Arabia Saudí e Irán, sumando su disputa por Siria. Pero entre pueblos y Estados también hay tensiones. No hay respuestas simples como la instauración y reconocimiento de un Estado laico por ambas partes. Como tampoco hay soluciones simples frente a alianzas y estrategias con las potencias externas que intervienen en el milenario conflicto. Queda la esperanza, sin embargo, de que el Shalom israelí y el Salam palestino, se comprendan y acepten.

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