México, 20 años desgarrándose

El mismo día que entró en operaciones el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) irrumpió el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Enero de 1994 representa más que un desgarre simbólico entre dos proyectos diametralmente opuestos: el de la inserción plena de la economía mexicana a un modelo orientado a la exportación, contra la rebeldía surgida desde el mundo indígena del sureste mexicano. Otros desgarres se acrecientan también durante estos 20 años: el incremento de la violencia asociada con el crimen organizado, que ha permeado y se ha servido del carácter neoliberal del modelo económico: ese que ata cualquier regulación del poder público. O el fracaso de la supuesta transición democrática, que profundizó privatizaciones, impulsó tratados de libre comercio y que torpedeó las negociaciones de paz con el EZLN, al desfigurar los Acuerdos de San Andrés.

Es contundente el desgarre producido por el TLCAN, de acuerdo con la Red Mexicana de Acción frente al Libre Comercio (RMALC): ante la promesa de rápido crecimiento, en 20 años de vigencia, la economía mexicana creció solo a una tasa media anual del PIB por habitante de 0.89%; México ocupa el lugar 25 de 33 de toda América Latina. Se cayó del lugar 40 en competitividad mundial al número 66. Tampoco se cumplió la promesa de más y mejores empleos: desempleo abierto duplicado durante estos años del TLCAN, pasa de 2.53% en 1993 a 5% en 2013.  Cálculos independientes sobre el desempleo real, invisibilizado en las estadísticas oficiales, señalan que en el caso femenino el porcentaje llega a 19.75% a mediados de 2013. Lo más grave es la precarización del empleo existente: a mediados de 2013 el 63% de los que tienen  trabajo no tienen seguridad social ni jubilación.

Se cuenta con información que muestra cómo los campesinos han sido damnificados por el TLCAN, lo cual aumenta incesantemente nuestra dependencia alimentaria. En estos 20 años creció la migración, interna e internacional, forzada por razones económicas . A pesar del crecimiento de las deportaciones motivada por la crisis en Estados Unidos, las remesas enviadas por mexicanos a nuestro país han ocupado primer y segundo lugar en la importación de divisas. No obstante, según la CEPAL, México es el único país de América Latina en el que el porcentaje de población en pobreza aumentó en los últimos años. “En 2012 es prácticamente el mismo porcentaje de pobres que en 1992 (52.3% frente a 53.1%).  En Brasil en 2011 es el 20.9% y en Argentina el 5.7%”.

Durante estos 20 años, empero, la resistencia social organizada frente al desgarramiento aumenta de manera cuantitativa y cualitativa. El neo-zapatismo, considerado como la primera revolución post-comunista del siglo XXI, es motor de la organización indígena, con alcances nacionales y populares, crea experiencias locales de buen gobierno en sus “caracoles”, del sureste mexicano, y sus propuestas impactan otros movimientos sociales en México y en el mundo. Crecen también movimientos de resistencia contra la profundización del modelo neoliberal, de manera coordinada en los tres países que forman el TLCAN, sea contra el Tratado Transpacífico que algunos llaman TLCAN+, sea contra la reforma energética privatizadora, en frentes inéditos de lucha. La auto-organización toma nuevos bríos, en el caso de las Policías Comunitarias y de bloques regionales populares que construyen otro país sin desgarres. Paralelamente, resurge también la guerrilla, como expresión de desesperanza frente al cambio pacífico. Pero la irresponsabilidad desgarradora sigue su curso; el 19 de febrero, será la Cumbre de Toluca, donde se reúnen los Líderes de América del Norte, ocasión en la que los presidentes del TLCAN se disputarán el país a desgarrar.

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