Otro 2015

A Julio Scherer García, gran periodista


Hay apuestas otras para que 2015 sea un año de transformaciones positivas de nuestro país. Una nueva inserción de México en el mundo, requiere vincular la agenda global que impone una crisis sistémica permanente: en lo financiero, lo energético, lo ambiental, la guerra y la violencia; con la agenda doméstica encuadrada en la mayor crisis política del México contemporáneo: la de la inseguridad en todos los órdenes de la vida, la impunidad gubernamental en complicidad con el crimen organizado y otros poderes fácticos mediáticos y regionales, la corrupción pública y privada, que permea al corazón del Estado mediante el poder privatizador del dinero, la injusticia como herencia autoritaria del régimen político y de gobierno. Sin un Estado de Derecho vigente, capaz de procurar justicia, de coordinar a poderes y órdenes de gobierno en el territorio nacional, crece la incertidumbre, el caos y el desencanto con lo público y sus instituciones.

Ayotzinapa, epicentro de esa crisis interna, evidencia también los vínculos entre México y Estados Unidos. Con la reciente visita de Enrique Peña Nieto a Washington, se constata que la militarización de la seguridad pública es producto de una relación bilateral cómplice, en que la guerra contra el narco ha sido funcional para los negocios, legítimos e ilegítimos, y para la seguridad doméstica estadounidense. La Iniciativa Mérida fue bendecida allá y las violaciones a derechos humanos por parte del Ejército mexicano, nunca impidieron que sus fondos financieros, aunque fuesen mínimos, llegaran al gobierno mexicano. En la medida que Ayotzinapa encierra inestabilidad y conflicto social, crecen las amenazas para el gigante del norte. Por ello, Obama promete ayuda para “solucionar”  los problemas vinculados con Ayotzinapa, sin hablar de flujos persistentes de armas, ni tocar el problema del narco como tema de salud, ni menos comprometerse a combatir a importadores de heroína procedente de Iguala.

2015 será peor que 2014 si las medidas para enfrentar la crisis sociopolítica se reducen a cambios cosméticos del sistema económico. Las 7 medidas anunciadas por Peña Nieto al iniciar el año, dejan ver su sentido economicista y utilitarista, al reducirse a mejorar el ingreso familiar, sin aumentar el salario y recuperar su poder adquisitivo. Ampliar el mercado audiovisual, mediante el reparto gratuito de televisiones digitales, tampoco ayudará para el manejo de la crisis política y de Estado que vivimos con rasgos acentuados. Es insuficiente fomentar inversiones proporcionalmente mayores en aquellos estados donde violencia y crisis estructural imponen el reino de los poderes fácticos regionales y trasnacionales, incluyendo al crimen organizado. Las reformas “estructurales” peñanietistas, implican mayores sacrificios de la mayoría de la población, mientras que el combate de las desigualdades sociales, principal fuente de la violencia estructural, requieren remodelar el TLCAN y lanzar una política industrial de empleo y recuperación salarial.

Tener elecciones sin una reforma constitucional profunda, no ayudarán tampoco a enfrentar esta crisis política de gran magnitud. El proceso electoral no podrá darse como si Ayotzinapa no existiese. Urgen políticas que combinen federalización y descentralización, en la policía y en el Poder Judicial, que reconozcan autonomía al Ministerio Público. Urge un sistema de rendición de cuentas con consecuencias penales contra la corrupción pública y privada. No olvidemos que los “moches” tienen dos cabos. Urgen nuevas concepciones sobre seguridad pública y ciudadana que reconozcan el sentido comunitario de autodefensas y policías rurales, pues crece una violencia incontrolable ahí donde el narco pacta con el Estado y donde se excluye la legítima autodefensa. Crece la simpatía por el boicot electoral y la convocatoria a una constituyente pacífica. Las elecciones no ofrecen paz con justicia, equidad y dignidad. Más de 100 mil muertes, más de 23 mil desaparecidos, merecen otro 2015.

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