Imperativo consultar a la nación

Apresados por reformas constitucionales cada vez más despegadas de la soberanía popular que representa la democracia, se incrementan los rasgos excluyentes del país realmente existente. El contubernio entre Presidencia de la República, élites partidistas del PRI y de Acción Nacional, con proyectos privatizadores desapegados de responsabilidad social alguna, aleja las posibilidades de fortalecer la nación, como expresión del interés general. Conceptos como pacto social o coalición política democrática, están ausentes en el contexto bajo el que se han impulsado las reformas. Más que argumentos que apuesten por crear una arena de razonamientos públicos en la que se debatan proyectos, la baja política es la que campea. Sin cultura parlamentaria que apele a la ciudadanía representada en el Poder Legislativo, el mayoriteo y los acuerdos discrecionales han cobrado una cuota desgastante para la democracia a la que aspiramos.

Frente a esta reforma energética, publicitada como la más grande en décadas por el Presidente de México en su reciente viaje a Turquía, permanecen cuestionamientos profundos sobre las consecuencias que tendrá sobre el futuro mediato e inmediato del país.

El plan por la unidad y la defensa de la soberanía nacional y los recursos energéticos que impulsa el PRD, bajo la conducción moral de Cuauhtémoc Cárdenas, además de las iniciativas de Morena, comandadas por Andrés Manuel López Obrador desde su padecimiento que aún lo tiene hospitalizado, y de iniciativas plurales diversas que se manifiestan en el país, tienen el desafío de converger para actuar unitariamente.

Los retos son monumentales para 2015: impulsar la consulta popular que está prevista en el Artículo 35
constitucional y simultáneamente, avanzar en una plataforma electoral común para garantizar una legislatura que reforme la contrareforma.
Además de conquistar mayores espacios de poder en los gobiernos y legislaturas locales.

2013 termina con otro fuerte debate en torno de los alcances de la consulta popular, pues algunos cuestionan si una consulta por más amplia que sea, puede derogar lo que la Constituyente Permanente ya aprobó. Aún es prematuro para que la Suprema Corte de Justicia de la Nación se pronuncie al respecto, pero los opositores a la reforma energética están poniendo toda la carne en el asador de la consulta. Los partidos que aprobaron esa reforma se opondrán enérgicamente, como es previsible, pero lo que está en debate es algo esencial que el ejercicio democrático ha dejado de lado, como es tomar en cuenta la opinión conciente e informada de la ciudadanía. El déficit de representatividad del Poder Legislativo, no se puede llenar mediante reformas político-electorales como la que también se aprobó recientemente, que no le den poder al voto ni disminuyan el poder de las elites partidistas.

¿Hasta cuándo debatiremos como nación el modelo de país que queremos? Ya no se trata de las visiones estatistas, que no nacionales, de corrientes políticas que fincaron su poderío en el corporativismo y en el clientelismo. Ahí están las rémoras del sindicalismo educativo, petrolero, de electricistas de corte oficialista. Si esas dirigencias se disciplinan incondicionalmente a las reformas, se les mantienen sus privilegios, aunque la corrupción sea un lastre para el carácter supuestamente modernizador de las reformas emprendidas.

Lo que está ahora en juego es la soberanía nacional, insisto no estatista, para enfrentar una crisis de dimensiones colosales, mediante mecanismos que sólo pueden ser democráticos, para lograr una gobernabilidad legítima sobre las bases de la soberanía energética, alimentaria y una forma de inserción de México en el mundo que no sea la del libre comercio. Sin política industrial, sin economía sustentable, sin democracia participativa, no habrá viabilidad de país para todos-as.

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