De Davos a La Habana

El Foro Económico de Davos, Suiza, profundizó los lazos mexicanos con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE) a través de un nuevo acuerdo de cooperación en el que las reformas estructurales del gobierno federal, presentadas como “buenas prácticas” de política económica, promocionan la proyección mexicana en la economía global ante el selecto club de empresas transnacionales. Además, ese Foro significó un guiño a Alemania, como puerta de entrada a los mercados europeos. En La Habana, el discurso gubernamental mexicano del libre comercio convocó a la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), a sostener actitudes ambiciosas en el área del desarrollo económico, aderezado de equidad y justicia social, pero a través del impulso del libre comercio. La política exterior mexicana puede meter en el mismo saco dos lógicas que son divergentes.

Aquí coexisten dos lógicas de economía política: Davos, que apuesta por la estabilidad macroeconómica financiera a toda costa, sin importar subordinar lo social al emprendimiento neoliberal, mientras en La Habana, la II Cumbre de la CELAC, organismo que agrupa a 33 estados soberanos del continente americano, con la excepción notable de Estados Unidos y Canadá, busca un modelo post-neoliberal de integración autónoma de Latinoamérica y el Caribe. El México de Davos se publicita como uno de los seis países promisorios del mundo, junto con Corea del Sur, Polonia, Turquía, Indonesia-Filipinas y la región china del Mekong. El México de la CELAC se maneja en pistas contradictorias: la que profundiza la integración subordinada al Norte, con la Alianza Transpacífica (TPP, por sus siglas en inglés); o la que sirve de bisagra entre los países centrales y Latinoamérica, como es el caso de la Alianza del Pacífico, que impulsa junto con Chile, Perú, Costa Rica y Panamá. 

 La plataforma publicitaria del presidente mexicano en Davos y ante la CELAC, fue la transformación de las reformas estructurales en oportunidades de progreso. Si en Davos la cooperación se confinó a la mera racionalidad del beneficio económico, en La Habana se publicitó una imagen mexicana de cooperación política, económica, cultural: la condonación del 70 por ciento de la deuda cubana en noviembre pasado, las virtudes de la Cruzada contra el Hambre, figura travestida del programa Oportunidades, para alcanzar los Objetivos para el Desarrollo del Milenio, de Naciones Unidas, contra la pobreza. Mientras que en Davos algunos cuestionaron la inseguridad pública porque ésta desfavorece el clima de inversiones, la CELAC deja intactas las dos facetas del actual México: el rostro del país exitoso aunque desigual; la cara amable del país plural, diverso, respetuoso que igual otorgó la medalla del Águila Azteca al presidente Uruguayo, José Mujica, que se entrevista con Fidel Castro para relanzar nuestras relaciones bilaterales.

Dentro de un año, se repetirá el ritual publicitario del pensamiento económico único. Costa Rica presidirá por dos años la CELAC. Davos representa certidumbre y estabilidad. La CELAC enfrenta un futuro incierto, pues la presidenta costarricense Laura Chinchilla, incondicional del Washington neoliberal, enfrenta elecciones la próxima semana en las que las intenciones de voto apuntan hacia un cambio político de estafeta. Durante los dos años de presidencia chilena de la CELAC, esta Comunidad de Estados guardó un bajo perfil. Los dos años bajo la presidencia cubana, que hoy terminan, le dieron brillo a este organismo. Ban Ki-moon, Secretario de Naciones Unidas, inauguró la II Cumbre en La Habana; el programa futuro contempla una Cumbre conjunta entre China y la CELAC. Cuba hereda una apuesta común por un modelo de integración latinoamericana autónoma. ¿Podrán desfigurarse las dos caras mexicanas ante una CELAC que reclama autonomía frente a los poderes centrales?

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