Concentrar y converger

A Jorge Zepeda Patterson, por la esperanza en la letra

 

El Día de Acción Global por Ayotzinapa movilizó a cientos de miles por todo el país y en varias ciudades del mundo. Con rabia e indignación por la desaparición forzada de los 43 normalistas, se elevó conjuntamente una consigna: “vivos se los llevaron, vivos los queremos”. En el trasfondo de esta convergencia se expresan demandas de muy amplio alcance contra el autoritarismo, la impunidad, la ineficacia y falta de justicia que están llevando al régimen político a un callejón sin salida, pero también esa consigna-demanda-esperanza, evidencia que a la par de la descomposición de lo político está creciendo lo que se llama el fascismo societal: ese conjunto de dispositivos que de alguna manera respalda y sostiene una sociedad de muerte y eliminación focalizada, que no es sólo el crimen organizado en connivencia con el gobierno, sino además un régimen social excluyente, discriminador y racista.

Quienes salimos a las calles el miércoles pasado, no importa donde, lanzamos un mensaje político a todos los poderes y órdenes de gobierno del país, especialmente de Guerrero y de Iguala: queremos que se investigue, que se haga justicia frente a los responsables directos e indirectos de crímenes, desapariciones, abusos de autoridad; que se rectifique la política nacional de seguridad respecto de policías, que se ponga un alto a la violación de derechos humanos por parte del Ejército. Ayotzinapa es el clímax de la tragedia nacional, junto con Tlatlaya y los asesinatos perpetrados por las Fuerzas Armadas. Dos poblaciones con resonancias indígenas que apenas hoy vemos en el mapa debido a muertes, torturas, privación de vidas. Y abajo, junto, al lado, más de 300 mil desaparecidos en los últimos 8 años. Ese Día de Acción Global, la presidencia de Iguala fue incendiada. No se erigirá otra hasta que haya justicia.

Ese Día, cuando la marcha del DF entró al Zócalo, hubo otra consigna unánime: Fuera Peña Nieto, además, se pidió la renuncia del Procurador General de la República, la desaparición de Poderes en Guerrero. Se cuestionó al conjunto del Poder Judicial, la sumisión del Ministerio Público al gobierno, el reinado del narco, la ausencia del Estado de Derecho. Pero no en todas las marchas hubo convergencia de consignas. Quizá el paso siguiente de las movilizaciones sea identificar lo que nos une en el campo de la política. ¿Cómo concentrar lo que ahora está disperso, fragmentado en los cientos de miles de historias de vida? Converger y concentrar las trágicas experiencias de individuos y familias desde un sentido político de justicia, y encuentro de esas verdades que son al mismo tiempo universales desde el dolor y particulares desde las responsabilidades de actores del poder.

Simultáneamente, el fascismo societal también requiere combatirse mediante convergencias y concentración de fuerzas y demandas. La autocrítica al seno del PRD es indispensable. Necesitamos saber si sus luchas internas en Guerrero omitieron justas actuaciones gubernamentales en torno a las denuncias de crímenes contra su alcalde en Iguala, ahora prófugo, o si sus alianzas coyunturales en el Pacto por México implicaron complicidad con un gobierno federal que tampoco actuó para no entorpecer las reformas estructurales apoyadas por ese sector del PRD. Asimismo, la reforma educativa que supone implícitamente la desaparación de las normales rurales, demandará la atención sobre los problemas sociopolíticos de fondo. Sanjuana Martínez, recuerda en SIN EMBARGO.MX, que el actual Secretario de Gobernación desmanteló, siendo gobernador de Hidalgo, una buena parte de esos planteles condenados por la participación crítica de los jóvenes normalistas. Aunque “45 por ciento de las escuelas de educación básica son rurales y necesitan un normalista que comprenda el entorno.” Concentrar demandas, hacer converger política y sociedad. ¿Eso vendrá?

 

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