Brasil, promueven Constituyente

Entre el 1 y el 8 de este mes de septiembre, más de 500 organizaciones sociales del más variado origen, agrupadas en 2 mil 800 comités locales, esparcieron 40 mil urnas por todos los municipios de Brasil, para consultar sobre un Plebiscito Popular por una Constituyente Exclusiva y Soberana del Sistema Político. Casi 2 millones de personas (96,9 por ciento) votaron Sí por la propuesta, y sólo el 3,1 por ciento dijeron que No. Votó la Presidenta Dilma Roussef, quien después de las movilizaciones masivas de junio de 2013 propuso someter la reforma política a un plebiscito y no obtuvo el apoyo de los poderes constitucionales de su país. También votaron dos candidatos presidenciales: Marina Silva, la más cercana competidora de Dilma y Pastor Everardo. Boaventura de Sousa Santos, afamado sociólogo portugués, estuvo impulsando el Si en una intensa campaña que recorrió e interpeló a prácticamente todo Brasil.

El Plebiscito Popular también contó con el apoyo del Presidente de la Comisión de la CNBB (Confederación Nacional de Obispos de Brasil) que acompaña la Reforma Política, Mons. Giovani Guimarães. Mientras que la creciente influencia de las iglesias evangélicas, cuya figura más prominente en la actualidad es Marina Silva, no se vio correspondida con una posición oficial frente al Plebiscito. Quienes organizan la consulta sobre la elección exclusiva de una Constituyente, que tenga a su cargo una reforma política que dé pie a una nueva Constitución brasileña, argumentan que la reforma constitucional de gran calado realizada en 1988, si bien creó condiciones positivas para la democratización del país, después de una larga dictadura militar, se está pervirtiendo el sentido incluyente que tomó aquella reforma política. Las próximas elecciones de octubre serán presidenciales y en la mayor parte de estados federados y de municipios brasileños, aunque hay pronósticos de un fuerte abstencionismo. Se calcula que el 66 por ciento de la población brasileña no tiene preferencia por ningún partido, lo cual evidencia su desapego al sistema actual.

Las movilizaciones en junio y julio de 2013 en las calles y plazas, reunieron a cientos de miles de personas, principalmente jóvenes, trabajadores y trabajadoras, quienes incluyeron en las protestas por varios motivos una consigna política, un mensaje a las instituciones actuales de Brasil: ¡ellas no nos representan! Ese país, desgarrado por la polarización en la concentración del ingreso, registra el abismo existente entre representantes y representados en las instituciones políticas actuales, que son cada vez más copadas por los poderes fácticos, quienes cada vez demandan mayores privilegios. El 84 por ciento de los 591 legisladores del Congreso Nacional son empresarios, terratenientes o representantes de iglesias evangélicas. Sólo 91 se relacionan con agendas sociales. Las mujeres, ya mayoría poblacional, ocupan apenas el 9 por ciento en la Cámara de diputados.

Cierto, el Partido del Trabajo sigue contando con un apoyo mayoritario a su Ejecutiva federal, pero el Congreso Nacional no acompaña las reformas sociales que impulsa Dilma y menos las políticas, pues la partidocracia se cuece en todas partes, al igual que el deterioro partidista por sus choques internos. Lo que detonó este Plebiscito por una Constituyente no es menor, pero tampoco se pueden echar las campanas al vuelo, ya que las organizaciones sociales pretendían obtener más de 10 millones de votos. Una quinta parte de los votos esperados puede influir como capital político testimonial, pero quizá estos votos no lleguen a detonar el gran debate nacional que pretendían lograr. Queda la interrogante sobre el destino de los movimientos sociales respecto de la política dentro de los cauces constitucionales, pues ha sido una constante que luego de movilizaciones masivas los partidos propatronales y las posiciones conservadoras salen ganando ¡Cuidado!

 

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