Ruta Norte

Mi futbol

Fue en la Peña futbolera de Patachueca, programa de internet auspiciado por mi amigo Chuy Aranzábal en su restaurante, donde comenté que para bien y para mal el futbol que me gusta es el mexicano. Cierto que no es, ni de lejos, el mejor del mundo, pero es el que me cupo en suerte desde niño y al que mayor interés le he depositado en poco más de cuarenta años. En varias razones puedo apuntalar esta preferencia.


En el principio fue la pura tele abierta y sólo por eso los partidos de nuestro país. Todo comenzó a cambiar, creo, con dos fenómenos simultáneos: la aparición de la tele por cable, que amplió el espectro de canales, y la llegada a Europa de Maradona y, particularmente para el interés mexicano, de Hugo Sánchez. De repente, cuando yo ya era joven adulto, cundió en México el deseo de ver jugar al sucesor de Pelé y al mejor futbolista azteca de todos los tiempos. Comenzó la transmisión de partidos europeos y sudamericanos en vivo y de repeticiones los domingos.


La llegada de internet y el desarrollo de las nuevas tecnologías —la conexión automática, la infintud de canales especializados las 24 horas del día—supuso la globalización del gusto futbolero, de suerte que hoy cualquier joven abraza los colores de un equipo local, mexicano, y otro u otros dos europeos. Cuando hay partidos de la Champions o de la Premier, por eso, el universo de la afición futbolera también se paraliza acá, en México, y el encono de las aficiones queda bien ilustrado en las redes sociales, espacio donde dos mexicanos pueden llegar a mentarse mil veces la madre sólo porque uno apoya al Barcelona y otro al Bayern.


En mi caso, como ya dije, veo de reojo, con interés y admiración, es cierto, pero de reojo al fin, lo que ocurre en aquellas ligas donde se juega con una calidad de otra galaxia. Lo que sí me interesa, lo que sí me emociona, lo que me lleva a ser niño cada fin de semana, es nuestro futbol, el feo, el limitado futbol mexicano, mi futbol. Tan enamorado estoy de la Mx que a veces, si no hay más remedio, puedo ver un Puebla-Veracruz sólo para medir cómo andan los equipos, qué novedades traen.


Sé, insisto, que es un gusto modesto, que parezco poquitero, pero qué le puedo hacer. Esto no lo elegí yo: lo eligió mi infancia, esa infancia que revive cada vez que veo mi futbol.


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