Ruta Norte

De cara al 4 de junio

Si todo ocurre como es costumbre, el domingo en la tarde-noche sabremos quién es el nuevo gobernador de Coahuila y quién el nuevo alcalde de Torreón. Pese a la lucha multipartidista todo se canteó, como sabemos, hacia dos banderías: la del PRI y la del PAN. Creo que no se dio una disputa particularmente encarnizada, pero de algo han servido los ataques para favorecer, sobre todo, a la fórmula blanquiazul.

Como nunca en su historia, el PRI emprendió la campaña con demasiados lastres. Remontar el pasado de tres gobernadores acusados insistentemente de corrupción (Moreira-Torres-Moreira) ha sido un hándicap casi imposible de superar a punta de mercadotecnia política. Por eso la apuesta del tricolor no estuvo tanto en las “propuestas”, sino en el enigmático eslogan “Menos política, más carácter” —que astutamente no significa nada—, en el trabajo dentro de su propia estructura y, se dice, en los fuertes incentivos del gobierno rubenista para pulverizar la votación de suerte que los sufragios irritados no deriven hacia el PAN, sino hacia la pedacería multicolor.

Es innegable asimismo que, más allá de lo anómalo que pueda ser el uso de espionaje telefónico, las redes sociales han influido multiplicando audios incómodos del ingeniero Riquelme. Asombra de veras que siga políticamente vivo, y con aspiraciones de ganar, luego de una llamada como la que hizo al tesorero Mota para cuadrar el costo de un informe. Si a esa llamada sumamos las demás, pasma que todavía haya competencia.

El PAN no la tiene asegurada, creo, porque le faltó una cucharadita de agresividad, tesitura que ciertamente está lejos del estilo Memo Anaya. A decir de los espectaculares, por mencionar sólo un escaparate evidente de su campaña, confiaron en el mensaje del “cambio”, de la “alternancia” a secas, y no en la perruna mostración de los demasiados agujeros negros con los cuales el grueso de la población identifica al reinado transexenal de los Moreira. 

Aunque las campañas grandes suelen jalonar a las más pequeñas, Mery en Torreón no ha padecido el mismo sufrimiento que Riquelme. En su caso, hizo un buen trabajo como candidato, logró zafarse en algo de la sombra partidista que también pesa sobre él, pero en la acera de enfrente tuvo a un Jorge Zermeño algo cansino, en efecto, pero todavía con pila para andar en la brega y, principalmente, con más tablas que un galeón.

Este domingo veremos cómo quedan ocupados los escaques. A votar. 


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