Ruta Norte

El avatar no hace al monje

En uno de sus muchos y hermosos ensayos, Montaigne reflexionó sobre el dedo pulgar. Su mensaje fue simple: todo es materia opinable. Gracias a ese ejemplo, siempre he aceptado trazar algunas líneas sobre cualquier asunto, por mínimo que parezca. Así entonces, hoy me ocuparé del avatar, es decir, de la imagen que usamos en tuiter, en facebook y en otros espacios como complemento de nuestro nombre. Estos son algunos avatares frecuentes.


—Ordinario. Es una foto cualquiera, muy ocasional, del dueño de la cuenta. Mira o no a la cámara, luce espontáneo y relajado. Es el más simple de los avatares personales.


—Jocoso. Busca hacernos reír con una composición en la que aparece el dueño de la cuenta en alguna pose chusca, disfrazado, con algún objeto grotesco en la mano o en la cabeza. Obviamente, con frecuencia son fallidos.


—Caricatural. Se trata del dibujo generado por algunas páginas a partir de los rasgos que ingresamos a un programa. Suelen ser meras aproximaciones a la realidad, versiones edulcoradas del rostro verdadero. Algunos usan caricaturas o dibujos hechos a mano.


—Afantasmado: Es el huevito que se carga automáticamente cuando no se añade imagen al perfil; también puede ser una imagen de un objeto o de un paisaje cualquiera. No dice nada, sólo está allí, en el cuadro disponible, como si el usuario no quisiera mostrar ni la más mínima seña de su identidad. Ahora bien, cuando muestra la cara, siempre la estorba con algo: un sombrero, una cachucha, el pelo, un acomodo de perfil muy sesgado, la mano abierta sobre el mentón, un filtro de desafoque, lo que impide cualquier posibilidad de identificación.


—Tributario. En vez de una imagen personal, el usuario toma una de un famoso, casi como si se tratara de un tributo. Firma con su nombre (“Pedro Pérez”, por ejemplo), pero en el cuadrito aparece John Lennon, o Gandhi, o Napoleón, o Pelé, o Pessoa, o cualquier personaje de ese calibre.


—Oferente. No aparece la cara, pero en el caso de las mujeres, sí un poco de teta, unas piernas cruzadas y bonitas, un cacho de tanga asomando del pantalón o el pelo en caída libre sobre los hombros desnudos. Si se trata de un hombre, el plexo de lavadero o unos bíceps quizá ajenos y labrados a punta de gimnasio.


—Retrospectivo. Es la foto de una etapa notablemente pasada, sobre todo de la niñez o la adolescencia, lo que equivale a no identificarse.


rutanortelaguna@yahoo.com.mx/@rutanortelaguna/http://rutanortelaguna.blogspot.mx