Ruta Norte

Corazón en audiolibro

Los caminos de la lectura son inescrutables. Leer, el maravilloso acto de descifrar signos sobre el papel o el monitor, no se agota hoy en estos dos soportes. Desde hace algunos años, quizá cerca de cincuenta, la literatura halló en las grabaciones de audio un mecanismo distinto para acercarse al entendimiento y el corazón de las personas. Recuerdo sobre todo las cintas magnetofónicas con las que pudimos captar el tono, la respiración y la cadencia de algunos autores hoy consagrados. Poco después, sospecho que en los ochenta, comenzaron a cundir los audiolibros. Recuerdo haber leído varias opiniones sobre esta nueva posibilidad de la difusión literatura. Tuvo detractores, críticos que señalaban la fatuidad de este soporte. Creo que el defecto no lo tenían en sí las grabaciones, sino la publicidad que las propuso como sustitutos de la lectura. Los anuncios insinuaban, por ejemplo, que si uno escuchaba un audiolibro de Viaje al fondo del mar, se podía obviar tranquilamente la lectura de esa novela. Eso provocó, como era previsible, la ira de los bibliófilos, quienes de inmediato levantaron la guardia para oponerse al audiolibro.Hoy, pasados los años y ya con todo el mundo organizado alrededor de la audiovisualidad digital, creo que debemos cambiar el enfoque y abrir cancha al audiolibro no como un rival del libro y la literatura, sino como un detonante de la curiosidad y un formidable complemento, y en algunos casos sustituto, de lectura. Así como el cine se apropia, recrea, reinterpreta grandes obras y lo celebramos, el universo tecnológico de lo auditivo tiene todo el derecho de apropiarse, recrear y reinterpretar grandes obras. El problema no es el soporte, insisto, sino la selección de las obras y la calidad de las adaptaciones. Si los audiolibros se aproximan a la literatura clásica sobre todo infantil, si hay un trabajo meticuloso de acoplamiento en las voces, la música y la condensación, entonces estaremos en presencia de productos que despliega beneficios tanto al público en plenitud de facultades como, principalmente, a los niños en proceso de formación, a los adultos no asiduos a la lectura y a otros posibles usuarios en desventaja física o cultural.Una prueba de la excelencia que es posible alcanzar en estas producciones la encontramos al alcance de nuestra lagunera mano: los cinco discos compactos producidos cabalmente por Carlos Acosta Rodríguez. Se trata de la adaptación al formato de audiolibro (en inglés y en español) de la novela Corazón, del liguriano Edmundo de Amicis. Clásico de la literatura infantil, esta obra de ficción vestida con el atuendo de un diario es recreada con esplendidez que deja atónita la sensibilidad de quien la escuche. 


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