El visitante

Apareció repentinamente. Era una noche lluviosa ligeramente fría. Se asomó por la ventana de la sala con intenciones de entrar a la casa. Yola, mi esposa, cerró la persiana para que él no atisbara hacia adentro. Después de un rato abrimos la persiana, se había marchado.

Reapareció la noche siguiente empleando la misma táctica, asomarse a la ventana procurando que lo dejáramos entrar. Al verlo nuevamente, Yola susurró algo inaudible –como suele hacerlo cotidianamente- y repitió el numerito de la noche anterior, ¡cerró la persiana!

Algo en él llamó mi atención, tenía una mirada conmovedoramente triste, la cual “hacía juego” con sus melancólicos maullidos, me enterneció profundamente. Le dije a Yola que lo dejáramos entrar. Ella se negó. Lamenté su decisión, pero, donde manda capitán no gobierna marinero.

Llegó la tercera noche, con ella se presentó nuevamente el visitante. En esta ocasión salí a observarlo con detenimiento. Era un gato joven, desaliñado y famélico, reflejo fiel de un bicho callejero. A diferencia de otros gatos huraños que ocasionalmente merodean por nuestra casa, éste resultó ser extremadamente amistoso, familiarizó inmediatamente conmigo embarrando su escuálido cuerpo entre mis piernas. Al verlo tan desvalido, entré presuroso a casa para darle algo de comida. Cenó opíparamente. 24 horas después regresó a recibir una nueva ración.

Varias noches después en las cuales persistió con sus visitas, logré convencer a Yola que lo dejara entrar, a regañadientes aceptó. Esa noche cenó en casa. En una caja le improvisé una cama con unos trapitos, en esa ocasión durmió calientito.

Días después lo bañamos, lo llevamos al veterinario para que lo vacunara y le curara algunas heridas “de guerra” que ostentaba. De visitante se convirtió en huésped de honor. Ahora, gracias a su muy particular gatunalidad*, se ha ganado la simpatía de propios y extraños.

Ya han trascurrido tres años. Yola lo adora, lo mima y lo protege. Donde quiera que ella va, Misifú la sigue. Es blanco, con discretas manchas ocre en su cabeza y cola. Debido al buen cuidado del que goza, ahora es un gato hermoso y feliz. Nos sentimos muy gratificados de haberle abierto la puerta a nuestras vidas. Debido a su persistencia, hoy día es un miembro más de nuestra familia.

*Las personas tienen personalidad, los perros perronalidad y los gatos gatunalidad.

 

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