Hasta las últimas consecuencias

La semana pasada en este mismo espacio comenté que la nueva generación de políticos mexicanos entre 30 y 50 años (con raras excepciones), debido a su falta de recursos verbales, emplean en sus discursos las mismas frases huecas y sin sentido que empleaban los dinosaurios que los precedieron (mala escuela les dejaron).

Durante la semana que terminó, el tema central fue los lamentables asesinatos del diputado Gabriel Gómez Michel y su asistente Heriberto Núñez Ramos.

Como suele suceder en muchos de estos desafortunados eventos, las autoridades se avientan unas a otras la bolita para evadir responsabilidades en unos casos, y en otros, tratar de justificar su incompetencia.

Alfredo Barba Mariscal, edil de Tlaquepaque declaró: “los que mueven las cámaras son el gobierno del estado, quien tiene la operación de esa cámaras. En el C4 de San Pedro Tlaquepaque, lo único que se ve es lo que en su momento está ahí, no tenemos el control de las cámaras” [sic]. Cuál es la diferencia entre que tengan o no el control de las cámaras para actuar. Si lo tuvieran ¿su actuación estaría de acuerdo a sus responsabilidades?

El fiscal general del estado, Luís Carlos Nájera dijo (transcribo literalmente): “Tenemos mil cámaras en toda la zona metropolitana de Guadalajara. Las cámaras son evidencia. Es difícil que en el momento en que sucede un hecho, la gente esté monitoreando y se dé cuenta, pero en las cámaras vemos la evidencia (pleonasmo), tenemos bases para una investigación, para eso nos apoyan las cámaras. No contamos con el personal suficiente para el monitoreo de los aparatos”. (No le entendí).

Aristóteles prometió: “Estos hechos no quedarán impunes. Vamos a ir hasta las últimas consecuencias. Estamos tras los responsables. Vamos a ir a fondo para tener elementos (¿elementos de qué?) y en su momento se castigue con todo el peso de la ley a los responsables”.

Esta “promesa”, con idénticas palabras, la hemos escuchado mil veces, al final de cuentas el tiempo transcurre y el asunto se archiva en el cajón del olvido. Como la promesa a los habitantes de Temaca, edá’ gobernador.

Peña Nieto vino, ofreció su pésame a los deudos de los asesinados, pero evadió comprometerse a encontrar a los criminales.

Los políticos suponen que con discursos se arreglan las cosas. Ya basta, pasemos de las palabras a los hechos. 

 

jaimemarinsr@jmarin.com