La sociedad tapatía

Es bien sabido que Donald Trump --el descocado gringo que pretende ser presidente de Estados Unidos-- inició su campaña despotricando contra los inmigrantes mexicanos avecindados en aquel país. Por razones obvias se han levantado en México miles de voces airadas repudiando la actitud discriminatoria de este virtual candidato del partido Republicano.

Trump ha activado la chispa de la xenofobia entre los fundamentalistas gringos más conservadores. Por acá los mexicanos no hacemos nada, excepto reprobar tales declaraciones.

Aquí en Guadalajara la sociedad tapatía no canta mal las rancheras en cuanto a xenofobia debido a que es parte de su naturaleza. A raíz del terremoto en la ciudad de México en 1985, cientos capitalinos   --tan mexicanos como los tapatíos-- buscaron refugio en Guadalajara, ciudad que de entrada los discriminó. La situación llegó a ser tan aberrante que en muchos automóviles pegaron una calcomanía con la ofensiva frase: Haz Patria, mata un chilango.

Actualmente en Estados Unidos viven 1.5 millones de jaliscienses. Se dice que en Jalisco no existe una familia que no tenga parientes radicados en aquel país. Luego entonces por qué aquí en Guadalajara la sociedad tapatía –igual que Trump-- demuestra su falta de sentido humanitario. Tal es el caso de un grupo de vecinos de la colonia Arcos, que rechaza que se instale el albergue de FM4 que daría asilo a los inmigrantes centroamericanos que están de paso rumbo a “La Tierra Prometida”, en pos de hacer realidad lo que los gringos llaman El Sueño Americano. Para su desgracia los tapatíos convierten su sueño en pesadilla

La vocación discriminatoria de la sociedad tapatía llega a tal grado, que desde hace años hicieron de La Calzada una “frontera” para separar a los tapatíos popis de la prole (dixit: la hija de Peña Nieto).

Desde siempre se ha manejado la idea de que los mexicanos somos hospitalarios, nada podría estar más alejado de la verdad. El neta es que los mexicanos somos uno de los pueblos más discriminatorios del mundo. Esto se debe a que no hemos terminado de encontrar nuestra identidad. Discriminamos a quienes consideramos inferiores o distintos. El asunto se resume en la frase: pinche indio. Expresión cargada de xenofobia. No somos respetuosos ni tolerantes con aquellos que creemos diferentes a nosotros, exactamente igual que Trump. Ni hablar.  


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