Con todo respeto

Pocas frases suenan tan vacías como la que dio pie al encabezado de esta columna. Los convencionalismos son parte de las costumbres de los políticos mexicanos. Parece ser que tienen el monopolio de frases huecas y gastadas; tanto que han perdido su esencia. Los políticos de la nueva generación, entre 30 y 50 años,  no son innovadores, emplean los mismos términos, gesticulaciones y ademanes de los dinosaurios que los precedieron, de los cuales los mexicanos (con algunas excepciones) no guardamos buenos recuerdos.

En virtud de la enorme exposición que hoy día tienen “nuestros políticos” en todos los medios de comunicación, su léxico paupérrimo y anquilosado cunde entre la gente que no analiza lo que  expresan. Un gran porcentaje de la población ha seguido, por ignorancia, la mala escuela que dejó Fox, quien debido a su paupérrima cultura puso de moda el asunto de: testigos y testigas, adolescentes y adolescentas, diputados y diputadas. A propósito de diputados, la publicidad  radial que pregonan nos agobia por la enorme repetición de menciones vanas que difunden a costa del erario.

Los millones que gastan para echarse flores a sí mismos no benefician a nadie. Sus inverosímiles y demagógicos spots pregonan: Los diputados y las diputadas estamos trabajando para bla, bla, bla. Y rematan con la frase: cámara de diputados. En qué quedamos, si se refieren a los diputados y las diputadas, el recinto donde estos personajes y personajas “trabajan”, por congruencia debe llamarse cámara de diputados y diputadas, ¿o no señor Fox?

Con todo respeto, me disculpo por haberme desviado del asunto inicial de este texto.

Cuando un político no está de acuerdo con sus adversarios, utiliza en su perorata la multicitada frase para “suavizar” el efecto que ocasionarán sus palabras. Qué tal que AMLO hubiera dicho: con todo respeto… ¡CÁLLATE CHACHALACA! Aun habiéndolo antepuesto la cursi frase, el efecto habría sido el mismo.

Desde que Peña Nieto asumió la presidencia, cuando lo entrevistan y le preguntan respecto a los partidos de oposición, invariablemente responde: mi relación con ellos es respetuosa… Por qué no habría de serlo, el respeto es la esencia de la política, por lo tanto, la vana expresión sale sobrando.

“No estoy de acuerdo con lo que dices, pero

defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo”.      

Voltaire 

 

jaimemarinsr@jmarin.com