El respeto se gana

Después de 12 años relegados del poder, la campaña del PRI para recuperarlo se basó en dos asuntos fundamentales: PRIMERO.- Mentir, haciendo creer a la ciudadanía que se trataba de un “nuevo PRI”: SEGUNDO.- seleccionar a un candidato pretendidamente distinto para que se diferenciara de los dinosaurios emblemáticos de esa senil institución.

Fue así que desde que Peña era gobernador del Estado de México, empezaron a construirle una imagen más mediática que política: trajes bien cortados, buen maquillaje, un copete impecable y una pareja Ad hoc. Apostaron a que con ese coctel, la ayuda de Televisa y otros medios comprados obtendrían el triunfo. Y así fue. El PRI recuperó el poder. La  campaña  se desarrolló conforme al guión de telenovela que tenían preparado.

La faramalla se implementó para ganarse la simpatía de las masas consumidoras de estos bodrios (las telenovelas). La estrategia rindió frutos. Sin embargo, ya en la presidencia, Peña ha  demostrado su incapacidad para gobernar, independientemente de los escándalos de corrupción que ha protagonizado. Debido a estas prácticas vergonzosas que institucionalizó el PRI, Peña es ahora el presidente más impopular que ha tenido México. Sí, ganó las elecciones, pero no ha ganado el respeto de la sociedad.

En contraste con el PRI, el pueblo mexicano si es diferente hoy día. Ya despertó. Ya no se le engaña ni acepta marrullerías de sus gobernantes. Ahora distingue cuales son los funcionarios públicos deshonestos, así como los medios vendidos. En otras palabras: el pueblo ya no se traga las mentiras ni perdona las transas; demanda rendir cuentas a los funcionarios públicos, empezando por el presidente.

Es evidente que con el gobierno actual México no es una república en proceso de transformación, ni una democracia en transición. El sistema está podrido. Además de una crisis de credibilidad, el gobierno enfrenta una crisis de ética, confianza y honorabilidad. Se burla del estado de derecho. El sistema requiere un cambio. Urge una refundación de la república. Urge convocar a un congreso constituyente, tarea que al partido en el poder no le interesa encabezar porque perdería sus canonjías.

No se trata de generar enmiendas constitucionales propias de las funciones del congreso, sino de transformaciones radicales orientadas al cambio de las estructuras básicas de nuestra nación. 

 

jaimemarinsr@jmarin.com