¿Será posible?

Resultaron fuera de contexto los comentarios de Antonio Meade, secretario de relaciones exteriores de México, cuando afirmó -en el marco de la XXlV Cumbre Iberoamericana, celebrada en el hermoso Puerto Jarocho la semana que terminó- que el asunto Ayotzinapa no afectó la relación de México con el mundo. Evidentemente, Meade está mal informado o fiel a la enmohecida costumbre priista, menosprecia la inteligencia del pueblo mexicano al pretender hacernos creer que la imagen de México está bien en el ámbito internacional, cuando las evidencias demuestran lo contrario.

La falta de enfoque de la presente Administración y la ausencia de soluciones a las calamidades que cotidianamente nos afectan: corrupción, inseguridad, crimen organizado, impunidad, transas oficiales, licitaciones amañadas, etc., sí han puesto la imagen de nuestro país en una posición que nos afecta,  desde luego que los inversionistas pueden estar recelosos al respecto.

Tener valor civil significa afrontar las consecuencias cualesquiera que éstas sean. Para recuperar su credibilidad, Peña y su gabinete deben reconocer sus fallas. Además de Tlatlaya y Ayotzinapa, los cohechos y sobornos relacionados con las empresas constructoras y la casa blanca no se pueden ocultar, son verdades inexcusables.

Bajo las circunstancias que estamos padeciendo, conviene aclarar que Mexico no es el gobierno. México somos los mexicanos. México es un país de gente amable y pacífica. México cuenta con infinidad de atributos humanos, culturales e históricos; además de extraordinarios recursos naturales que debemos preservar a pesar del gobierno.

Para sumarle un poco a la cadena de corrupción oficial y al tráfico de influencias, el diario estadunidense The Wall Street Journal, publicó otra presunta transa; ahora, del “flamante” secretario de hacienda Luís Videgaray. Se trata de una residencia en un club de golf en Malinalco, Edomex, aunque el señor Videgaray pretende desmentir la información al afirmar que no existe ningún conflicto de intereses, las evidencias son palpables, en virtud de que el vendedor de su residencia es el mismo que construyó y otorgó el crédito a la casa blanca de la Gaviota. A todas luces se trata de un club de cuates.

Tratándose del secretario de hacienda el asunto es muy serio. Esperemos que el señor no mande a su esposa a tratar de aclarar la situación.

 

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