Los “notables” y el fiasco

Corría el año 2011. En un pueblo en proceso de democratización, un grupo de “notables” elucubraba para recuperar el poder que otrora tuvieron durante más de siete décadas. Éstos notables se mal acostumbraron a robar impunemente al pueblo durante 73 años.

Un vaquero rústico los sacó de la jugada once años atrás. El vaquero prometió en aquel entonces que si resultaba electo acabaría con todas las tepocatas y víboras prietas (así les llamaba a los notables). Harto de robos y saqueos, el pueblo se fue con la finta y votó por él. El vaquero resultó ser un bueno para nada.

Seis años después, con un sonado fraude en las urnas, un individuo mediocre con un enorme complejo napoleónico debido a su escasa estatura, sucedió al vaquero. Este napoleoncito declaró la guerra a los malos sin tener una estrategia. Fracasó en su intento y dejó al pueblo hecho un caos.

Debido a esto, a los notables se les presentó una extraordinaria coyuntura para reapropiarse del poder. En una villa que desde siempre ha sido su bastión (Atracomulco), dieron con un “candidato”, guapetón él, quien ya había pasado por un proceso de aprendizaje gobernando una aldea. Su desempeño fue mediocre, pero tenía “cara bonita”. Los notables sabían que en el pueblo que anhelaban re-explotar, las féminas se inclinaban por las caras bonitas. Los notables se vieron en una disyuntiva, decidirse por el guapetón aunque tuviera mínima inteligencia, o por otro.

Optaron por el guapetón para obtener el voto femenino. Sabedores de las limitaciones de éste, los “notables” acordaron que si ganaba las elecciones lo manejarían tras bambalinas para que no cometiera estupideces.

El guapetón ganó con un escaso 37 por ciento de los votos. Ya en el poder, armó su gabinete (una camarilla de medio pelo). De entrada hizo cuestionables “reformas” que han aumentado los niveles de pobreza del vapuleado pueblo. La corrupción e impunidad se han incrementado. La economía no despega. El crimen está en su apogeo. La educación pública es de las peores del mundo. La crisis política y moral, más la incapacidad institucional son inocultables. En el ámbito internacional ha puesto en el peor nivel la imagen del pueblo que gobierna.

A dos años de iniciado el proyecto de los “notables” el resultado es un fiasco. El guapetón no da una y aún le faltan cuatro años. Para gobernar no basta una cara bonita, ¿o sí?  

 

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