Los nobles y los plebeyos en México

18 de enero de 1946. “Arranca” el PRI como partido político. Su declaración de principios, su programa de acción, sus estatutos y su lema: Democracia y Justicia Social parecían un buen principio para la democracia y el bienestar de los mexicanos. Desafortunadamente ese lema hoy día es letra muerta.

Con el regreso del PRI al poder se reinstaura la nobleza en México. Los priistas retoman su rol de nobles. Al presidente hay que rendirle pleitesía y a los plebeyos explotarlos.

Con la reforma fiscal recientemente (in)puesta en marcha, los plebeyos pagaremos más impuestos porque la nobleza los requiere para solventar sus lujos y ostentaciones; además de echarse unos “centavitos” a la bolsa.

Bajo este contexto me parece oportuno citar al economista y filósofo estadunidense Murray Rothbard, (1926-1995) quien afirmaba: “El estado es una institución de hurto a gran escala. Los impuestos son un sistema que sirve para que los políticos y burócratas roben el dinero de los ciudadanos y lo dilapiden de manera vergonzosa”.

Pagar impuestos es una obligación cívica, sin embargo, los causantes cautivos desconocemos el destino de estos. Infraestructura, salud, seguridad, educación y servicios públicos en general no se atienden cabalmente; pero la parafernalia oficial día a día es más ostentosa. En un país con tantas carencias y con una administración que despierta muchas dudas, la parafernalia de la nobleza es inmoral. 

México destaca a nivel internacional como un país con altísimos índices de corrupción en el sector oficial. Somos un país de nobles ricos y plebeyos pobres. Sin embargo, los plebeyos cobijados por la nobleza gozan de tratos especiales: exención de impuestos, canonjías, concesiones y un interminable número de etcéteras. La sociedad mexicana es monstruosamente desigual. Después de Chile, México es el país con más desigualdad social en América Latina. La evidencia: 43 por ciento de los mexicanos viven sumidos en la pobreza.

El reciente estudio “Jalisco Cómo Vamos” demuestra la situación actual de nuestro estado: la dramática distancia que existe entre la clase política y el ciudadano. 90% de los jaliscienses opina que para que esta sociedad sea verdaderamente democrática, debe reducirse la brecha entre ricos y pobres para superar la calidad de vida de los ciudadanos. Muera la nobleza, ¡VIVA LA DEMOCRACIA!

jaimemarinsr@jmarin.com