La negligencia y sus consecuencias

El miércoles pasado volvió a caer en Guadalajara otra tromba como las que abaten año tras año a nuestra zona metropolitana en temporada de lluvias. En esta ocasión, además de que la tromba se llevó un buen número de árboles en diferentes puntos de nuestra ciudad, también se llevó la vida de un hombre de escasos 38 años. En plena etapa productiva, fue literalmente aplastado por un árbol de seis o siete toneladas cuando circulaba en su vehículo de poniente a oriente, por la lateral de avenida Vallarta, a cuatro calles de la Minerva.

Parafraseando a Gabriel García Márquez en su novela Crónica de una muerte anunciada, podemos decir lo mismo respecto a la capital de Jalisco. Cada temporada de lluvias la caída de los árboles cobra vidas cuando son derribados por los vientos y las lluvias. En otras palabras, se trata de muertes anunciadas, muertes que pueden evitarse si las dependencias a cargo del cuidado de los árboles los podaran oportunamente para evitar más tragedias. 

Las empresas organizadoras de quinielas podrías ofrecer jugosos premios a quienes “adivinen” cuántos árboles caerán en Guadalajara en cada una de las temporadas de lluvia.

Hermosear una ciudad no es sólo plantar árboles, sino velar por ellos. Es decir; darles el cuidado que requieren. La actual temporada de lluvias está a medio camino, faltan tres meses antes de darla por terminada. Probablemente es estos meses tengamos que lamentar las consecuencias de más árboles arrasados, y como corolario más vidas malogradas. Con planificación estratégica se puede evitar la pérdida de vidas, autos y viviendas debido a “la caída” de los árboles.

En su conjunto, los municipios conurbados de Guadalajara deben implementar acciones preventivas desde ya. No existen disculpas para no hacerlo. El daño patrimonial de los municipios y los particulares rebasa con mucho lo que significa el costo del mantenimiento de los árboles.

Sugiero a las autoridades de los diferentes municipios de la zona metropolitana de Guadalajara practiquen la medicina preventiva en lugar de la terapia intensiva en lo que se refiere al mantenimiento de los árboles que engalanan nuestra hermosa ciudad. Los ciudadanos, igual que las autoridades, sabemos bien de la importancia de prevenir, más que lamentar.

Que manos a la obra ni que nada. Salva una vida, poda un árbol.

 

jaimemarinsr@jmarin.com