El momento de la verdad

Terminó 2013, posiblemente uno de los más inciertos años que hayamos vivido. Uno nuevo inicia con un sinnúmero de asuntos de capital importancia para el verdadero desarrollo de México: educación, salud, infraestructura, paz y un sinfín de etcéteras.

Un tema que dio mucho de qué hablar —y sigue dando— es la reforma energética. Los medios de comunicación, la opinión pública y diversas organizaciones políticas  se centraron principalmente en el asunto del petróleo, pasando por alto otros recursos que no hemos tenido la capacidad de valorar; como es el caso de las energías solar, nuclear y eólica. Estas tres alternativas son el remplazo a los recursos fósiles.

La privatización de Pemex no es la solución para una indiscriminada explotación de los yacimientos profundos de nuestro oro negro. El asunto verdadero se concentra en la danza de los millones de millones de dólares que están de por medio. Basta echar un vistazo a algunos cerebros maquiavélicos atrás de esta maniobra: Carlos Salinas de Gortari —de triste memoria— Pedro Aspe, Luis Videgaray, Alberto Bailleres, Roberto Hernández, Enrique Peña Nieto… este último figura solo por el cargo que ocupa, no porque tenga capacidad para entender y menos implementar estrategias financieras de esta envergadura.

Figuran en la lista de interesados en la explotación de nuestros recursos energéticos poderosas empresas multinacionales: Chevron, Brtish Petroleum, ExxonMovil, Shell y otras más arropadas por BlackRock, la organización de gestión de activos más poderosa del mundo, cuya sede se encuentra en la ciudad de Nueva York.

El petróleo es un commodity finito, los recursos con los que contamos, eventualmente van a terminarse. En los próximos 25 años lo que quede de él en todos los yacimientos del mundo, se usará más para la implementación de productos derivados (petroquímica), sin embargo, debido a la promulgación de la reforma energética, las empresas petroleras multinacionales, evolucionarán hacia otras fuentes de energía y, ya con la sartén por el mango, nos la venderán a los precios que a ellos les convenga, en virtud de que nosotros, los mexicanos, no contamos ni con tecnología, ni capital para desarrollar satisfactores para nuestras necesidades energéticas. En otras palabras, los capitales internacionales —como siempre ha sido— seguirán incrementándose a nuestras costillas.

jaimemarinsr@jmarin.com