El empaque

En asuntos de marketing, ya sea éste comercial o político, el empaque cuenta para la venta de cualquier producto, porque como dicen: de la vista nace el amor. En el anaquel cualquier artículo llama más la atención e induce a la compra si tiene un empaque atractivo. Sin embargo está plenamente demostrado que comprar, motivados sólo por el empaque, puede  resultar un fiasco si el contenido no responde a las expectativas del consumidor.

En marketing político sucede lo mismo, nos presentan un producto con un empaque de pretendida buena apariencia, lo lanzan al mercado apoyado con millones de millones de pesos para que la gente lo vea hasta en la sopa y lo compren. Lo engalanan, lo maquillan y lo peinan para venderlo en todos los foros posibles incluyendo la FIL. Error estratégico monstruoso, en virtud de que los asistentes a la FIL no compran libros por el diseño de su portadas (empaque), los compran por su contenido. Ahí, el producto, héroe de esta historia sufre su primer tropezón, se ha abollado algo de su imagen, ahora es un empaque abollado.

Los promotores hacen caso omiso del vergonzoso asunto en virtud de que no cuentan con un plan  “B”. Se empecinan y pretenden vender su producto en una universidad, donde los alumnos han tomado muy en serio el asunto de los productos chatarra, los cuales, aunque tengan “bonito empaque” no consumen, porque saben bien que carecen de contenido que los nutra. Segundo tropezón. De éste, el producto salé doblemente abollado.

Los promotores siguen tercos en lanzar su abollado producto al mercado, aunque se han percatado que venderlo apoyado sólo en el empaque no es suficiente. Con estos dos tropezones (hay muchos más) las voces de intelectuales, académicos, empresarios, políticos y conocedores de asuntos estratégicos de marketing, se hacen escuchar, rechazando abiertamente al producto porque el contenido deja mucho que desear. Diría Carlos Fuentes: “Se los dije”.

Hoy día, a poco más de dos años de permanencia del producto al mercado, los poco más de 18 millones de “consumidores” que lo compraron deslumbrados por su empaque, seguramente se lamentan porque tardíamente descubrieron que se trata de un producto chafa que defraudó sus expectativas..

Moraleja: no te dejes deslumbrar por un empaque.

Cualquier semejanza en este texto con personajes vivos o tontos, no es más que pura coincidencia.  

 

jaimemarinsr@jmarin.com