De la democracia la monarquía

En pleno siglo 21 la democracia mexicana es, quiérase o no, un camelo. Hoy día la palabra democracia invariablemente está presente en el discurso de los políticos en funciones, la repiten constantemente por consigna, no porque se identifiquen con su esencia, no piensan y actúan por convicción, sino por la línea que les imponen sus mandamases. Esta lamentable práctica demuestra el estilo anquilosado impuesto por el PRI desde el siglo pasado. El “nuevo PRI” no existe.

Los años transcurren, las malas costumbres prevalecen. La influencia del PRI ha dejado una huella nefasta en la política nacional, no sólo por el lenguaje arcaico que practican sus militantes, sino por sus malas costumbres. El estilo de hablar, actuar y gesticular de Peña Nieto es la evidencia, se trata del PRI de siempre.

Regresó el PRI, con él sus decadentes costumbres. La prueba está en la veneración que le profesan al preciso sus cortesanos. Cuando escuchamos a los secretarios de estado, gobernadores y demás burócratas priistas comentar las encomiendas que el mero mero les asigna, suelen decir: el señor presidente me ha instruido… El verbo instruir tiene un significado totalmente distinto de lo que pretenden decir, inclusive; el preciso mismo requiere de una instrucción a fondo.

Para bien o para mal, los cortesanos de todos los niveles deben decir y hacer lo que el preciso les ordene (caso Videgaray), si no, adiós chamba. El desempeño de los funcionarios públicos —con raras excepciones— es servil, actúan con sumisión incondicional.

Aquí en el principado de Jalisco tenemos una réplica exacta de lo que sucede en la capital del reino. La misma practica se da en otros “condados” donde la “nobleza priista manda”. 

En las monarquías de la antigüedad el soberano y sus cortesanos y cortesanas —como diría el clásico— explotaban a sus súbditos, a quienes exigían pagar más y más impuestos a cambio de nada. Hoy día en el reino mexicano, el preciso, en comparsa con sus cortesanos, pretende  exprimir más al pueblo cobrándole absurdos impuestos, para que él y los miembros de la gran familia revolucionaria vivan como reyes bajo la consigna de: pagas o cuello.

jaimemarinsr@jmarin.com