La cucaracha, la cucaracha…

Corrían los primeros años de la segunda década del siglo pasado. La revolución mexicana vivía los más azarosos días entre federales y alzados. Se han escrito cientos de historias sobre esta gesta. En muchas de ellas sobresalen comentarios del uso cotidiano de la mariguana entre los miembros de ambos bandos. Francisco L. Urquizo describe en su libro TROPA VIEJA, que la mariguana era, en “la bola”, “la mejor amiga” de los contendientes.

Diferentes escritores de aquellos años: Mariano Azuela, Martín Luís Guzmán, José Vasconcelos y otros; describen en sus crónicas inspiradas en la revolución, pasajes en los cuales se refieren al consumo de la mariguana como una práctica común.

El origen del cannabis se remonta a tiempos muy lejanos. Hay suficiente documentación en todas las culturas para hablar extensamente de sus usos y aplicaciones. Investigaciones científicas actuales confirman sus propiedades terapéuticas en un amplio campo de enfermedades, esto demuestra que los antiguos conocían sus beneficios.

Era costumbre entre los pueblos indígenas de Norte América (apaches, siux y otros), fumar la pipa de la paz, símbolo de lazos de amistad entre pueblos e individuos. El acto de fumar la pipa de la paz, era como un nexo de unión entre lo humano y lo divino, una forma superior de diálogo. 

Hoy día el tema es tópico de actualidad debido a que se presenta la disyuntiva de legalizarla para fines recreativos. Como siempre, surgen voces en pro y en contra. En la ciudad de México, a propuesta del PRD en la asamblea legislativa, el asunto va a llevarse a debate. En Guadalajara, para no quedarse atrás, secundando a sus congéneres del DF, la bancada del PRD en el congreso local, también propone legalizar la mariguana en Jalisco con fines recreativos.

Es evidente que el consumo de cannabis se ha extendido entre todas las clases sociales del mundo. El debate en México puede durar muchos años. De ser así, seguirá costando muchas más vidas y enfrentamientos. Asimismo, seguirá aportando millonarias ganancias a los capos y a los políticos corruptos involucrados en el “negocio”.

Cerrar los ojos ante la situación es hipócrita y absurdo. Otros países ya la legalizaron. En Estados Unidos en varios de sus estados se puede adquirir para fines recreativos. ¿Qué estamos esperando nosotros? ¿Más violencia, más muertes y más corrupción?

jaimemarinsr@jmarin.com