Credibilidad devaluada

Nuestro sentido de apreciación evalúa recuerdos, ideas, conceptos… Credibilidad es la representación mental de un concepto. Aplica además, a la opinión o juicio que tenemos de una institución o de una persona. En la credibilidad intervienen componentes objetivos y subjetivos que se conceden a las fuentes, canales o plataformas de difusión o información.

Considerando esas premisas, concluimos que el gobierno mexicano no está interesado en generar credibilidad. En el escenario presente y futuro, las desventajas que trae perder la credibilidad ante la opinión pública afecta al país y a la población.

La comunicación nada acertada –práctica recurrente en este sexenio- que ha asumido el gobierno para dar a conocer resoluciones de investigaciones o de proyectos devalúa su credibilidad.

Ser juez y parte en un proceso merma la objetividad con la que se pueda tratar una investigación (ejemplo: la Casa Blanca de EPN).

La mala reputación de un gobierno y de sus integrantes, conlleva a un mal clima social y al incremento de ciudadanos profundamente defraudados con quien lo lidera.

La credibilidad devaluada genera escenarios desfavorables para solucionar situaciones críticas.

La vida social del país por falta de credibilidad en sus instituciones, se convierte en un cúmulo de suspicacias (ej: el devaluado INE y sus consejeros).

Hace dos años, Osorio Chong, máximo responsable de la seguridad en nuestro país, no renunció cuando escapó El Chapo de una prisión de “máxima seguridad”. Hoy día, Osorio pretende ser el receptor del dedazo para la candidatura del PRI a la presidencia. ¿Tú crees?

Ruiz Esparza, titular de la SCT, principal responsable del socavón del paso Express en Cuernavaca, “tumba” de dos trabajadores mexicanos, se niega a renunciar a pesar de que las dudas de corrupción en la “magna obra” recaen en él.

La credibilidad se compone de dos elementos principales: confianza y grado de conocimiento donde ambas tienen ingredientes objetivos y subjetivos. Generar confianza es un juicio de valor que emite el receptor, basado en factores subjetivos como afinidades éticas o ideológicas. Con razonamientos como los mencionados, ¿qué credibilidad puede tener la ciudadanía en un gobierno integrado por personas que corrompen, abusan del poder y defraudan? El INE no se queda atrás.

PD. Una vez perdida la credibilidad, jamás se recupera.

jaimemarinsr@jmarin.com