Un caso para la historia

A principios del mes en curso volvió a surgir las voz del pueblo recordando la masacre perpetuada por Díaz Ordaz, en complicidad con Luís Echeverría contra cientos de inermes estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas en la ciudad de México, aquel nefasto 2 de octubre de 68.

Hoy día, debido a los aberrantes acontecimientos de Iguala, (de Tlatlaya después hablamos) la historia se repite con un saldo de 43 estudiantes “desaparecidos” y 6 personas asesinadas por policías.

Las multitudinarias manifestaciones en diferentes ciudades de nuestro país, además de muchas otras en numerosas capitales del mundo, son la prueba fehaciente del reclamo que hace la gente de paz al desgobierno de Peña Nieto. Es evidente que la barbarie que aplican a la población las fuerzas nacionales de seguriidad sigue imperando impunemente en México. Existen muchos más casos trágicos,  hoy día, el más representativo de esta subcultura radica en Iguala.

En estos momentos, debido a las caóticas circunstancias imperantes en varios estados de nuestra república, los ojos del mundo están volteando para acá. Existen países que dan por hecho que en México reina el caos, el desgobierno y la barbarie. En gran medida es cierto. Los mexicanos vivimos cada día con más sobresalto y con menos seguridad en cuanto a nuestra integridad física y económica. Debemos cuidarnos de todo y de todos. Desafortunadamente las circunstancias imperantes lo han propiciado.

Uno de los principales compromisos del estado con sus gobernados es darnos protección y seguridad, no obstante estamos muy lejos de que eso suceda, en virtud de que debido a la inoperancia e indiferencia del gobierno federal, la situación se le salió de control, en consecuencia, a nivel internacional la imagen de nuestro país está por los suelos, esa es la cruel realidad.

Lo sucedido en iguala es un caso para la historia, igual que lo acontecido hace 46 años en la Plaza de las Tres Culturas. 

Los integrantes de las manifestaciones que se han llevado a cabo en varias ciudades de México son principalmente jóvenes, un enorme porcentaje de ellos no había nacido cuando la masacre del 2 de octubre. Desafortunadamente la historia se repite afectando severamente a una nueva generación, cuyo futuro es incierto. Iguala será recordada en los años por venir con voces que expresarán: el 26 de septiembre no se olvida.

 

jaimemarinsr@jmarin.com