Un buen nombre

Años atrás asistí a una extraordinaria conferencia dictada por un afamado publicista en una prestigiada universidad de Guadalajara. En la sesión de preguntas y respuestas alguien lo increpó: ¿por qué los publicistas son tan vanidosos que les ponen a sus agencias su apellido?

El publicista respondió: No es asunto de vanidad, es asunto de compromiso. Al ponerle nuestro apellido a nuestras agencias asumimos un compromiso con nuestros clientes. Más aún, el compromiso es con nosotros mismos. Nuestro nombre es nuestro principal activo, se consolida si actuamos bien, pero si actuamos mal, adiós reputación. Quiero saber -dijo- quien le confiaría la publicidad de su empresa a una agencia que se llame: Salinas de Gortari y Asociados.

Estallaron los aplausos. Él sí los merecía.

Otro asunto similar lo viví con un respetable señor oriundo de Los Altos de Jalisco. Hombre sencillo de verdad. Él me comentó: “Mi familia radica aquí en Los Altos desde el siglo XIX.  Desde siempre nos hemos dedicado a la agricultura. La gente nos conoce y respeta.  Recuerdo  muy  bien  las  palabras  que  mi  abuelo cuando  yo  era  niño  -comentó-.  Lo  único  que voy  a  heredarle  a tu  padre –me dijo, poniendo énfasis en sus palabras- es un buen nombre, ten por seguro que él te heredará a ti y a tus hermanos lo mismo. Cuídalo, no vayas a mancharlo -remató-“.

Ilustrativas historias estas que bien podrían servir de ejemplo a muchos integrantes de la fauna política de nuestro país. Ellos seguramente heredarán a sus descendientes fastuosas residencias en las lomas de Chapultepec, señoriales casas de campo en el Club de Golf Malinalco, departamentos de lujo en Nueva York y millones de dólares robados al pueblo, pero eso es todo lo que podrán heredarles.

Esos herederos tienen su futuro económico garantizado, pero la mancha sobre su nombre no se la quitan ni con detergente. Pregunten a los hijos de Romero Deschamps. Para evitar que la sombra del desprestigio los persiga de por vida tendrán que cambiarse de nombre.

Un buen nombre es el patrimonio más preciado de una familia. Se construye por el reconocimiento y la aceptación social. Gira alrededor de la conducta que observe la persona en el transcurso de su vida. La sociedad evalúa su comportamiento de acuerdo a patrones de conducta y valores humanos, éticos y honestos auténticos. Eso es un buen nombre.

 

jaimemarinsr@jmarin.com