El aviador

En aquellos años de preparatoriano, a uno de mis compañeros le decían el aviador. Me familiaricé con su apodo sin prestarle atención a su significado. Un buen día charlando con él le pregunté cuál era la razón del mote. Porque un tío mío trabaja en el Congreso del estado, él me incluyó en la nómina sin que tenga que acudir a trabajar —me contestó—. Todos los compañeros estaban enterados de este asunto, él no tenía empacho en divulgarlo a quienes lo quisieran escuchar. Terminamos la prepa y no lo volví a ver.

Años después, un buen día, coincidí con él en un crucero de la ciudad. Era motociclista de tránsito. Me saludó con afecto. Acordamos volver a reunirnos en breve y así fue. Habían transcurrido tal vez diez años desde aquellos memorables días de preparatorianos. Me contó que su tío se jubiló y en consecuencia lo sacaron de la nómina del congreso. De aviador pasó a motociclista de tránsito.

Igual que en aquellos años, hablaba con mucho desenfado de sus fechorías. Me dijo que su jefe le imponía una cuota diaria de 100 pesos a cada uno de los integrantes de su grupo para dejarlos “morder a discreción”. Se vanagloriaba de sus ingresos. Comentó que el sueldo era lo de menos, su lana gruesa provenía de las mordidas.

Nos despedimos, no lo he vuelto a ver. Lo vergonzoso de este asunto es que no se trata de un caso aislado, hay docenas, sino es que cientos de aviadores en todas las dependencias públicas y organismos descentralizados de nuestro país. Todos esquilmando a cargo del erario, o sea, nuestros impuestos.

En particular en Jalisco, a pesar de las dificultades financieras por las que actualmente atraviesa el congreso local, no resulta extraño que los diputados —y diputadas, como diría el clásico— metan en la nómina a sus amigos, compadres, parientes y otras especies, a sabiendas que no saben hacer nada. ¿Y para qué? Si sólo se presentan  a checar tarjeta y a cobrar.

La “receta” para convertirse en aviador es tener cara dura, malas mañas y cercanía con gente “¿pudiente?” en dependencias gubernamentales. Los parásitos del gobierno, aviadores y parientes de influyentes en el gobierno, son un lastre para el desarrollo de nuestra nación.

No podemos aspirar a ser un país del primer mundo mientras impere la corrupción, nepotismo, compadrazgos y pago de favores en las dependencias públicas.

jaimemarinsr@jmarin.com