Transparencia

DIME DE QUÉ PRESUMES Y TE DIRÉ DE LO QUE CARECES. Así reza un refrán cuyo origen se remonta en la oscuridad de los tiempos.

Hoy día, cada vez que un político se adueña de un micrófono para echarnos un rollo exagerando sus “logros” invariablemente emplea la palabra transparencia para “justificar” el manejo de las finanzas públicas, léase gastos inflados.

Un buen día, un político, queriendo darse baños de pureza, sacó de su manga la palabrita transparencia, desde entonces, como suele suceder con esta especie, a todos les gustó y se la fusilaron para incluirla permanente y repetitivamente en su repertorio.

Es bien sabido que, con honrosas excepciones, los políticos de todos colores, olores y sabores; no destacan por su cultura. De ahí que en sus discursos emplean palabras cuyo significado dista mucho de lo que quieren hacernos creer.

Transparente significa: cuerpo que deja pasar la luz y permite ver a través de su masa  lo  que  hay  detrás. El  vidrio es transparente. Luego entonces, un vaso de vidrio nos deja observar lo turbio y contaminado que puede estar su contenido. Ah caray.

Aristóteles Sandoval, en su primer informe de gobierno, empleó la palabra transparencia un buen número de veces, siempre hace lo mismo cada vez que se para frente a un micrófono, jamás mencionó la palabra ÉTICA, cuyo significado se ajustaría a lo que pretende comunicar.

No obstante, reconocemos que en algunos espacios de su gobierno sí hay transparencia: la corrupción imperante es transparente, todos la vemos y padecemos en las dependencias públicas. Sin embargo, los aspectos más importantes para la población, hasta el momento no se ven, su eslógan “RUMBO AL BIENESTAR” es pretencioso. La sociedad se pregunta: ¿Dónde queda ese pueblo? ¿Qué carretera tomo para llegar? ¡Seguro no es de Jalisco!

Sin mucho buscar, encontraremos que todavía no se transparentan (no se ven) las promesas de campaña: la generación de empleos, la protección al medio ambiente, la economía prospera e incluyente, la infraestructura regional…

Cuando los políticos no presuman de lo que carecen. Olviden su soberbia. Enfoquen sus discursos a asuntos verdaderos, reales… se olviden de eufemismos y le llamen al pan, pan y al vino, vino; habrán crecido. El pueblo ya no quiere más atole con el dedo.

A pesar de su sonrisa, a muchos políticos se les transparentan sus malas intenciones.

jaimemarinsr@jmarin.com