Temor

Vientos huracanados soplan del norte. El meteorológico con sede en una torre de la Quinta Avenida de Nueva York lo pronostica. Desde hace meses se “cocinan” en esa sede incendiarias amenazas contra los intereses y los habitantes del vecino del sur. Si esas amenazas cristalizan, el daño no será solo para el país sureño, afectará también a los mismísimos ejecutores de los atentados. Son tan ciegos que no lo ven.

El futuro inquilino de la Casa Blanca –la del otro lado, no la de éste- ha declarado una y otra vez que eliminará el TLC, argumenta que perjudica la economía de su país, al cual él, por su monumental ignorancia, llama América.

Las amenazas de los fascistas que en breve asumirán el poder en el país del norte continúan, mientras tanto, los encargados de proteger nuestra nación y nuestra gente, hasta el momento no han establecido un posicionamiento en defensa de nuestros intereses, ni han implementado una estrategia de contingencia para atenuar la eventual tormenta.

Entre otros, hay un par de asuntos muy serios que los mexicanos debemos considerar: 1) la situación de nuestros paisanos que viven en EU, amenazados con ser deportados, y 2) la reactivación de nuestra economía.

En cuanto a nuestros paisanos del otro lado, debemos crearles condiciones adecuadas para recibirlos, emigraron porque México nos les dio oportunidades de desarrollo.

Una de muchas soluciones para contrarrestar las amenazas del norte es estimular en la población nuestro espíritu nacionalista. Un espíritu nacionalista racional, bien orientado y productivo. Un espíritu nacionalista que refuerce nuestro orgullo de ser mexicanos. Un espíritu nacionalista que nos impulse a trabajar con entereza para hacer de México un país verdaderamente competitivo. Debemos desarrollar al máximo nuestros recursos materiales y humanos. Con determinación, voluntad, integración y conciencia patriótica lo lograremos.

Es bueno que se esté presentando esta amenaza, nos motiva. Debemos ponernos las pilas. Debemos orientarnos hacia nuevos mercados e insertar a nuestra nación en el primer mundo. Erradiquemos la indolencia. Hace mucho debimos hacerlo.

Orientemos al pueblo mediante campañas que infundan optimismo, campañas que reactiven el mercado interno y privilegien el consumo de productos mexicanos.

PD. ¿Tendrá el futuro mandamás de EU una vaga idea del significado buen vecino?