Incertidumbre

A dos años de haber tomado posesión, Peña Nieto visitó a Obama en un momento en que el presidente mexicano -debido a sus pifias- cuenta con la más baja popularidad que un mandatario mexicano haya tenido apenas en el segundo año de su administración. Con Obama se le veía tenso, nervioso e inseguro.

Antes de su viaje a Washington, Peña Nieto convocó en Los Pinos a una reunión del gabinete. Trascendió que ésta fue con el propósito de enderezar la nave gubernamental. En dicha reunión se tocó el punto de los inminentes ajustes en su staff ejecutivo. El más mencionado a desaparecer del escenario es Videgaray, el amigo, confidente y delfín de Peña para la sucesión de 2018.

A Videgaray le debemos su fallida reforma fiscal, el deterioro de la economía nacional y su incapacidad para generar crecimiento. Debido a éstas y otras gracias, como su casita en Malinalco, financiada por la constructora Higa, un numeroso grupo de políticos y empresarios reprueban su actuación como secretario de Hacienda.

Hoy día la incertidumbre reina en el gabinete presidencial, y ésta se filtra a la población y a los inversionistas, porque no hay un camino claro respecto a lo qué sucederá en los próximos cuatro años, en los cuales, si no se retoma el rumbo, la imagen de Peña seguirá deteriorándose día con día.

El año que inicia viene cargado de desagradables asuntos políticos, económicos y sociales; a los que habrá que darles inmediata solución para evitar mayor malestar entre la población.

Con las elecciones intermedias enfrente, el termómetro nacional llegará a altas temperaturas. Hacer cambios en el gabinete no necesariamente aportará soluciones, a menos que, efectivamente, los nuevos secretarios no sean cuates del presidente.

El gabinete renovado debe tener un elevado sentido de respeto a la patria y a la ciudadanía. Además deben ser personas con una honorabilidad comprobada. Hombres y mujeres comprometidos con la nación y con su actuar como funcionaros públicos.

Dadas  las circunstancias, se le presenta a Peña Nieto una segunda oportunidad que no puede desperdiciar. Debe entender que México es otro. En la última década nuestro país cambió radicalmente. Hasta el momento Peña no ha tenido la capacidad para asimilarlo, Su pensamiento, su discurso, su lenguaje corporal y su actuar siguen siendo los de aquellos tiempos, incluyendo las malas mañas.

 

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