¿Confianza?

Erase una vez un reino, cuyos habitantes (la prole) han padecido la podredumbre de sus gobernantes durante muchas décadas. Saqueos, corrupción, indiferencia, cinismo e insensibilidad son los atributos del supremo y sus cortesanos, la camarilla de Atracomulco que gobierna el reino.

Los cortesanos se valen de su posición para hacer de las suyas sin recato. Violan todas las normas éticas de gobernanza inspirados en su señor.

Cada día surgen en el reino nuevas pruebas de corrupción, lo que eufemísticamente han dado en llamar conflicto de intereses, cuando el término correcto es robo a mansalva.

En virtud de los saqueos, abusos y nepotismo, además de los ostentosos viajes (helicóptero incluido) que disfrutan el supremo y sus cortesanos; insobornables heraldos surgidos de la prole decidieron investigar a fondo las triquiñuelas de la corte. Fue así que en septiembre pasado descubrieron la existencia  de costosísimos palacetes que el supremo, su consorte y uno de sus pajes incondicionales: “el virrey”, no han demostrado su legal adquisición. 

La prole esperaba que debido a que le sacaron al supremo sus trapitos al sol, la codicia y el cínico actuar de él y sus huestes terminaría, pero no ha sido así, siguen saqueando al erario mientras la economía está estancada y más de la mitad de la prole que habita en el reino se debate en la miseria.

Nuevas evidencias de corrupción

En el transcurso de la semana pasada salieron a la luz dos lujosas mansiones del segundo de a bordo del supremo. Un “noble” de ascendencia oriental, cuyas malas mañas son bien conocidas, en la provincia del reino que él explotó de 2005 a 2011, beneficiando durante su gestión a sus hermanos, esposa, cuates y su numerosa familia; nepotismo puro. Por estas y otras razones lo aborrecen en su provincia, donde se le conoce con el mote de “el emperador chino”, ícono de autoritarismo y corrupción.

Los términos: hartos, cansados, ya basta y otros expresados por la prole; resultan estériles, el supremo o los ve ni los oye, sus intereses se orientan en beneficio de él y su corte.

La prole tiene remotas esperanzas de que con las evidencias de las lujosas mansiones mal-habidas por el emperador chino, ahora sí se aplique la ley para escarmiento de los demás cortesanos. De hacerlo así, tal vez el supremo recobre parte de la confianza que la prole le retiró. Ya veremos.