Camaleón

Hace un par de días estuve en La Primavera. Por poco piso a un camaleón que no había visto debido a su mimetismo. Muy oportunamente el camaleón gritó para evitar que lo pisara. Quedé asombrado, jamás había escuchado gritar a un camaleón. Le pregunté cómo lo aprendió. Me dijo que desde niño quiso aprender algunas “gracias” de los humanos; una de ellas, gritar. Hizo énfasis que la única “gracia” de los humanos que jamás aprendería, ni practicaría, sería la “polaca” (así le llaman los camaleones a la política). Los políticos mexicanos —dijo— han trastocado una actividad que bien aplicada sería lo mejor para el desarrollo de nuestro país. Me dejó estupefacto, evidentemente charlaba con un camaleón instruido.

Comentó que el mimetismo, cualidad que la naturaleza concedió a su especie para protegerse de los depredadores, los políticos mexicanos se valen de eso para su conveniencia, sin pudor alguno cambian de color para seguir depredando. Ya sabes —dijo— los partidos políticos se identifican por sus colores: los verdes, los amarillos, los azules, los rojos y dos más que ni vale la pena mencionar. Los políticos mexicanos —no todos, aclaró— brincan de un color a otro. ¿Dónde están sus valores y convicciones? Supuestamente cada partido tiene principios y  postulados —aseveró— pero eso, bien sabemos, es una quimera. Los políticos de cualquier color traicionan los postulados de sus partidos cuando no convienen a sus intereses personales. Hoy son amarillos, mañana serán naranjas.

Cómo es posible —agregó— que sin ética ninguna sólo busquen su conveniencia personal, cuando su compromiso es con la comunidad a la que supuestamente representan. Ingresan a la polaca porque ven en ella la mejor manera de obtener un puesto para amasar fortunas sin ningún esfuerzo. Si no ven posibilidades de rapiña en el partido donde militan, cambian de color y a otra cosa mariposa.

Lo que más me molesta —enfatizó— es que hay por ahí un partido al que llaman dinosaurios. Eso ofende a mis antepasados. Los dinosaurios tienen un nivel de honorabilidad muy por encima de los del partido en cuestión, mi propuesta es que a ese partido le llamen ratas o hienas, estos bichos tienen bien ganada su mala fama —agregó—. Dicho esto, me hizo un gracioso guiño con uno de sus saltones ojos y se alejó mimetizándose entre la hierba.