Caiga quien caiga…

Actuaremos hasta las últimas consecuencias… Llegaremos hasta el fondo del asunto… Éstas y muchas frases más son puro bla, bla, bla, las escuchamos cada vez que pescan con las manos en la masa a uno o más servidores públicos. Sin embargo, aún teniendo pruebas fehacientes del delito, a estos delincuentes les llaman eufemísticamente “presuntos culpables”. Y mientras se llevan a cabo las “presuntas averiguaciones”, las pruebas se desvanecen en el tiempo o se ocultan las evidencias hasta que otro escándalo de corrupción irrumpa en el escenario. Así, por “falta de pruebas”, los delincuentes son exonerados y se repite la historia.

A propósito de exoneración, el escándalo de corrupción protagonizado por la ex regidora del ayuntamiento de Guadalajara apunta a que vendió su silencio. No actuaba sola, tenía un patrón. Si acaso le levantan cargos abrirá la caja de Pandora y sacará los trapitos al sol de muchos de sus compañeros de fechorías y de partido. ¡IMPUNIDAD GARANTIZADA! 

Desde la consolidación de la revolución mexicana, el partido que se adueñó del nombre y la institucionalizó, institucionalizó además la corrupción, el intercambio de favores, el cohecho, el peculado y muchas fechorías más. Estas prácticas fueron lo cotidiano durante los últimos 72 años del siglo pasado. Hoy día, a la sombra del poder, regresan con renovado ahínco implementando nuevas transas. Desafortunadamente esta nefasta práctica es  común  en todos  los  partidos, no es de extrañar, porque estos los integran políticos. Ellos —con honrosas excepciones— son los inventores “del moche”: AGARREN LO QUE PUEDAN, PERO REPARTAN.

La complicidad entre políticos está en su ADN, se solapan los unos a los otros. Desde que inician su campaña para ocupar un puesto asumen compromisos con sus allegados, que tarde o temprano tienen que pagar. Por eso, en todas las dependencias públicas hay “funcionarios” iletrados, ignorantes, incompetentes y para rematar; déspotas. No ocupan el puesto que desempeñan por ser los mejores, lo ocupan
porque el jefe les pagó sus favores.

La burocracia mexicana es una lacra. Las oficinas públicas despilfarran su presupuesto en sueldos, bonos y recompensas para estas rémoras. Infraestructura, educación, salud… pueden esperar porque hay muchos burócratas que mantener.