Juego de poeta

Tontamente soberbios

Ticos, panameños, hondureños y quienes se les unan tienen razón: el entorno del futbol mexicano ha crecido muchísimo… pero en soberbia.

Desde hace 13 años, nuestros menospreciados enemigos nos han querido enviar varios avisos que no hemos querido recibir o no hemos sabido interpretar: en la Concacaf dejamos de ser el gigante y nos hemos convertido en un participante más.

Por razón de cierre del periódico, escribo esta columna minutos antes de saber si México saldrá vivo de Costa Rica rumbo a Brasil 2014, pero redacto estas líneas varios años después de haber comenzado una debacle en Concacaf que hasta ahora nos vemos obligados a reconocer.

Aún recuerdo que hace un tiempo no muy lejano a nuestros rivales del área los acusábamos de leñeros y/o malintencionados. Pero hoy debemos hacer un alto en el camino, despojarnos el vendaje de los ojos y entender que hemos deambulado en el penúltimo escalón del precipicio. No de ahora, sino ya de hace tiempo atrás.

No es novedad que en la recta final del hexagonal, la Selección Mexicana esté suplicando por un lugar en una Copa del Mundo. Ocurrió en las eliminatorias de Estados Unidos 1994, cuya clasificación fue conseguida en el último partido y en calidad de visitante ante Canadá.

Siete años después volvimos a ver de cerca la eliminación, pero de la mano de Javier Aguirre, rayamos en la perfección al rescatar los 10 puntos de 12 posibles que requeríamos para colarnos con boleto en Corea y Japón 2002.

Exactamente el mismo guión de película se repitió a la vuelta de siete años, también con Aguirre en el banco. Nos clasificamos con apuros a Sudáfrica 2010, y hoy, luego de aquellos cuatro años, nos estamos jugando la vida en nuestro último pasaje.

El tico Joel Campbell nos acusó de soberbios. Y tiene razón. Nos sentimos superiores sin argumento alguno. De las últimas seis eliminatorias, en cuatro hemos obtenido nuestro boleto a la justa en los 90 minutos finales del certamen, pero seguimos siendo soberbios cuando somos una selección más en la confederación menos brillante.

PD. ¿En qué momento nuestra prepotencia nos llevó a contemplar la posibilidad de abandonar la pobre Concacaf para eliminarnos en el monstruo de Conmebol?