Columna invitada

La Villa Panamericana: Herencia ominosa y trampa perversa

Está en boca de todos: líderes de opinión, comentaristas, funcionarios públicos, analistas, empresarios, en fin, la Villa Panamericana con 950 departamentos de lujo y un polígono de 13 hectáreas, se encuentra en la opinión pública tratando de resolver qué hacer con ella, hasta las ocurrencias han llegado sin tener conocimiento exacto de su dimensión jurídica y las desastrosas repercusiones ambientales en el lugar donde se edificó. Desdichadamente tuvo origen pensando en un jugoso negocio de unos cuantos y con claras evidencias de abuso de poder, sin tomar en cuenta  los bienes colectivos naturales que son patrimonio ambiental de todos los habitantes de hoy y del mañana en el AMG: el agua con una captación de 240 millones de m3 en promedio al año, la biodiversidad con un registro de 1614 formas de vida, generación anual de oxígeno con 18 toneladas por hectárea, regulación térmica en la región, el paisaje natural, la captura de carbono para aminorar el efecto invernadero y algo sumamente importante el reservorio genético de los cinco reinos de la naturaleza, bondades eco sistémicas que ofrece el Bosque La Primavera de casi 30 mil 500 hectáreas y la cuenca endorreica El Bajío del Arenalde alrededor de 1200 hectáreas.

Precisamente para cuidar mejor esta riqueza invaluable, se han venido presentando en el lugar, disposiciones jurídicas desde hace más de tres décadas, medidas ambientales y criterios urbanísticos de  protección, preservación y conservación, entre estas: protección de flora y refugio de fauna, Área Natural Protegida, Área de Transición, zonas de amortiguamiento, Área de Protección al Acuífero, Protección de Cauces y Cuerpos de Agua, espacios verdes y huertos, áreas de baja densidad de población como son dos viviendas y diez habitantes por hectárea, etc. Planes Parciales de Desarrollo Urbano y de Centro de Población compatibles con las condiciones ecológicas, exigencias ambientales vigentes a nivel federal y estatal, todo esto no fue suficiente y la impunidad en que procedieron inversionistas privados y malos funcionarios públicos que no han sido castigados, hicieron lo que a sus intereses mezquinos convenían pensando en su única religión: el dinero y su cotidiana habilidad de mentir. El gobernante en turno llegó hasta el infame uso de fondos para vivienda de interés público y fondos de pensiones de ahorros de los trabajadores, en suma casi 1200 millones de pesos.

Lo que produjo Emilio y sus compinches fue heredar una verdadera trampa funesta y perversa al actual Gobierno del Estado y a la sociedad en su conjunto, como muchas otras: la presa el Zapotillo, Chalacatepec o Nuevo Cancún, las macroplantas, el puente atirantado y demás tropelías como el usar el nombre del ilustre Ingeniero Jorge Matute Remus, sin pensar que esa superflua obra es una ofensa a su destacada inventiva, trayectoria honesta  y extraordinaria inteligencia creativa.

La villa Panamericana debe ser un museo del “Leviatán Urbanus”, es decir, una muestra siniestra, peligrosa y grotesca de lo que no debe hacerse. Estar allí ya es un impacto permanente al ecosistema, utilizar de cualquier forma sus instalaciones es añadir más daños al hábitat natural. Aparte de otras restricciones, no se debe infiltrar ningún tipo de agua que no sea de lluvia que se precipita en el lugar o llega a la cuenca de El  Bajío o Boca de la Arena por corrientes superficiales y subterráneas de la sierra de La Primavera. Cuesta más el agua de buena calidad que necesitamos para beber y costará mucho más en un futuro para nuestros hijos y nietos. Ganamos más demoliendo la edificación que tratando de recuperar un dinero público desviado a un proyecto errático de negocio privado. Por estas observaciones nos debemos preguntar: ¿dónde queda la cultura de la legalidad? ¿Se dimensiona y respeta el Derecho Humano al Agua y Saneamiento? En su caso ¿se cumple con los Tratados Internacionales de Protección a la Biodiversidad y la Vida Silvestre? Y el desarrollo urbano sustentable ¿dónde quedó?

Ambientalista,  vicepresidente de Red Ciudadana, miembro del Parlamento de Colonias de la ZMG y de la Fundación Cuenca Lerma- Lago de Chapala-Santiago