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La violencia en el Clásico, un grave síntoma

Por donde se le vea, lo ocurrido la noche del sábado en el Estadio Jalisco durante el Clásico del futbol tapatío entre el Atlas y las Chivas, y que culminó con la brutal agresión a policías municipales por parte de barristas rojiblancos, fue el resultado de un mal operativo de la policía de Guadalajara y la poca coordinación entre las autoridades tapatías y el club rojinegro, encargado de la seguridad en el interior del coloso de la Calzada Independencia.

Los filtros o puntos de revisión que la Secretaría de Seguridad Ciudadana instaló en cuatro puntos en las inmediaciones del estadio fueron burlados por los aficionados vándalos a los que nunca se les detectaron las bengalas; la empresa de seguridad privada contratada por el Club Atlas no pudo evitar el portazo que dejó el paso libre a los violentos seguidores de las Chivas, a los que según los reglamentos, nunca se les debió dejar subir a la parte alta del estadio, de donde lanzaron toda clase de proyectiles poniendo en grave riesgo la integridad física de los asistentes a la parte baja del inmueble; y la falla táctica de los mandos policiales para enviar a 30 elementos a tratar de poner orden entre los alterados barristas, y que terminaron sometidos y severamente golpeados.

Afortunadamente el tamaño de la tragedia no correspondió a lo grave de las omisiones públicas y privadas, y el saldo quedó en las graves lesiones causadas a 20 uniformados, tres de los cuales siguen hospitalizados en espera de ser dados de alta este martes.

Sin duda hay causas más profundas para explicarnos la saña con las que los violentos jóvenes barristas golpeaban en bola a los policías, y que sin duda es un síntoma de la descomposición de la convivencia como comunidad, que nos debe preocupar a todos. Lo ocurrido la noche del sábado es al menos una señal más de la ruptura del tejido social y el repudio que en algunos sectores hay a las figuras de autoridad y las instituciones del estado. Y como botón de muestra están las fotografías que luego de su odisea violenta, subieron los agresores a las redes sociales donde muestran unos tenis ensangrentados como trofeo de  la hazaña de haber golpeado a policías. 

Por eso además de la aplicación de políticas públicas que reduzcan las desigualdades sociales, en donde está el origen de éstas y otras más complejas conductas antisociales, las autoridades, la policía y los empresarios del futbol deben corregir con urgencia en lo que han fallado y que ha provocado que cada vez estalle con más frecuencia la violencia en los estadios.

El castigo ejemplar a los responsables de estos actos delictivos, con el pleno respeto a sus derechos humanos y al debido proceso, será también clave para desalentar este tipo de comportamientos, que amenazan con apropiarse de un espacio, que aunque privado, funge como público por la enorme cantidad de aficionados al futbol, a muchos de los cuales les gusta disfrutar de este espectáculo en familia.

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