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Lo que nunca supimos de la FEG

Fue donación, comodato, contrato de compraventa o qué cosa, la figura jurídica que se utilizó para adjudicar a la Federación de Estudiantes de Guadalajara un predio público?

¿Quién tuvo la escritura correspondiente?

¿Existieron algún día los acuerdos legales que definieron la cantidad de recursos públicos para hacer los edificios que hoy demolerán?

¿De qué gobiernos o entes públicos salió el recurso?

¿Con qué documentos y quién acreditó a la FEG para celebrar contratos de comodatos y hacer uso de inmuebles públicos?

Esas son preguntas que nunca tuvieron respuesta. Son dudas que quedarán sepultadas en los escombros que queden de la histórica finca de Carlos Pereyra 100 construida en 1971, hoy que el gobierno de Jorge Aristóteles Sandoval la dinamite.

En ese sentido la demolición del edificio que albergó por 43 años a la FEG, será como ver el desplome mortal de un dinosaurio que sobrevivió a la época del priismo más rancio y que en los 18 años de panismo degeneró en la delincuencia más burda.

Ninguno de los gobiernos con quien coexistió esa organización estudiantil pudo documentar la historia jurídico-legal de ese inmueble, ni las transacciones que por ejemplo se dieron en el año 2004, cuando el entonces alcalde panista de Guadalajara, Emilio González Márquez, le donó las instalaciones fegistas al gobierno estatal que encabezaba Francisco Ramírez Acuña.

La inexistencias de esos documentos que acreditaran la cesión del terreno, la construcción del edificio y respalden los traslados de dominio del inmueble, es la mejor prueba de la discrecionalidad, el abuso y la opacidad con las que se manejaban los recursos públicos en tiempos del PRI como partido único.

La historia de la FEG (desde su fundación a finales de la década de los 40, hasta la conclusión de su etapa de mayor poder con el rompimiento del grupo FEG-UdeG que se registró en 1989 con la llegada de Raúl Padilla López a la rectoría de la Universidad de Guadalajara, y el inicio de su decadencia a partir de la década de los 90 hasta nuestros días), dejó claro que sirvió para muchas otras cosas antes que para apoyar o mejorar las condiciones de los estudiantes de la universidad pública del estado.

Pero la trágica muerte de los estudiantes de la preparatoria 8: Francisco Carrillo García, Juan Valentín Guerrero, Gabriel Morán Cervantes, Francisco Gómez Saucedo y de su padre Armando Gómez; hallados en las fosas clandestinas abiertas en la sede de la FEG, será sin duda la historia más negra de las muchas que se incubaron en el edificio que hoy se dinamitará.

 

twitter: @jbarrera4   

jaime.barrera@milenio.com