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La silenciosa mudanza de Godoy Pelayo

Desde ayer lunes, el domicilio oficial de la muy desacreditada Auditoría Superior del Estado de Jalisco es la enorme torre que se alza en la avenida Niños Héroes con el número 2409.

Se trata de un edificio casi 10 veces más caro de lo que costó la sede en la que operaron hasta la semana pasada, que se adquirió en la 56 Legislatura con un precio de 32 millones de pesos. Las nuevas oficinas que mandó construir el cuestionado y aún titular de la ASEJ, Alonso Godoy Pelayo, costaron al menos 318 millones de pesos.

La determinación de que era necesario que el órgano fiscalizador estrenara edificio fue única y exclusivamente del auditor. Nunca hubo una exposición pública para justificar distraer recursos para la revisión de cuentas públicas en la construcción de la nueva sede. ¿En realidad los espacios de la anterior sede eran ya insuficientes para que los servidores públicos de la ASEJ desempeñaran su trabajo? ¿Era de verdad necesario dejar un edificio de dos pisos para irse a uno de diez y gastar en él el 25 por ciento de los recursos que recibió del 2009 al 2013?

Esas son incógnitas que hasta ahora no han tenido respuesta porque nadie de la clase política impidió que el auditor manejara de forma personalísima los recursos de todos. Ni siquiera importó que para cuando iniciaba la construcción del inmueble, el prestigio de Godoy Pelayo estaba ya por los suelos por las complicidades con las corruptelas de la Legislatura 58, entre las que aparecieran pagos para él por casi 10 millones de pesos por presuntas prestaciones no disfrutadas, y de cinco millones para su suegro por la presunta venta de formas valoradas para el Congreso.

Ya la semana pasada la reportera de MILENIO JALISCO, Sonia Serrano, documentó cómo de los casi mil 280 millones de pesos que se le canalizaron a Godoy Pelayo del año 2009 al 2013, el auditor financió la construcción del megaedificio inflando su presupuesto para pagos de salarios de plazas que nunca existieron, para tener así sobrantes y canalizarlos a la edificación de sus nuevas oficinas.

Si a eso añadimos la compra a sobreprecio del terreno en litigio sobre el que se levantó la torre y  la opacidad con la que se construyó y equipó, incluso ignorando el llamado de los diputados para rendir cuentas de la obra, se entiende perfectamente por qué la mudanza de ayer fue tan silenciosa.

La clase política de Jalisco goza de los beneficios de un auditor a modo, lo sostiene en privado pero nunca lo acompañan en público.

Por eso ayer Godoy Pelayo tuvo que empezar a despachar en solitario en las oficinas que construyó a su más particular gusto, sin darle explicación a nadie, haciendo gala de la discrecionalidad impune en el manejo de los recursos públicos que le da el sentirse intocable.

No hubo pues, corte de listón del emblema y orgullo de prepotencia de un fiscalizador que jamás rinde cuentas.


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