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¿Qué sigue tras el Peña Nieto antiprohibicionista?

Esa es la pregunta que surge luego de escuchar la buena noticia en la que se convirtió, al menos en el discurso, el mensaje que emitió ayer el Presidente Enrique Peña Nieto en la sesión especial sobre drogas de la ONU (UNGASS 2016) en la que se pronunció por no criminalizar el consumo de drogas y autorizar su uso médico.

Se debe pasar, dijo, “de la prohibición a una efectiva prevención y eficaz regulación”, además de reconocer el alto costo en vidas y dinero que ha tenido que pagar México por la no ganada guerra contra las drogas.

Esa postura difiere de la opinión personal que manifestó Peña Nieto apenas a fines del año pasado, cuando reconoció que el fallo histórico que se tomó en noviembre pasado en la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación de aprobar un amparo para el cultivo, procesamiento y autoconsumo lúdico y personal de la mariguana, obligaba a su gobierno abrir el debate sobre la legalización de la mariguana, pese a que él estuviera en contra.

En ese sentido habrá que reconocer que el Presidente cumplió con su compromiso de definir la posición que el país presentaría ante la ONU, partir del debate que inició en enero pasado a través de tres ejes: una plataforma digital para subir publicaciones científicas y cifras sobre el tema; el de las consultas internacionales para evaluar experiencias de legalización en otros países; y foros regionales: uno sobre las repercusiones en la salud; el segundo sobre aspectos éticos y de derechos humanos; el tercero sobre enfoques económicos y de regulación; y el cuarto que se realizó el mes pasado en Guadalajara sobre mariguana y seguridad ciudadana, cuando el propio Gobernador Jorge Aristóteles se pronunció también contra esas políticas prohibicionistas. El Presidente acató así el debate que abrió la Corte.

Alentador, sin duda, porque como lo he expuesto aquí desde hace dos años que se discutió la Ley para la Atención Integral al Consumo de Cannabis del Estado de Jalisco, que propuso el perredista Enrique Velázquez, creo que pese a no ser la panacea para acabar con el narcotráfico y la violencia que genera, la despenalización del consumo de la mariguana podría ayudar a combatir la escalada violenta ligada al poder corruptor de las mafias, por las estratosféricas ganancias que les ha dado por años la prohibición y una estrategia fallida para combatirlos. Es una alternativa que ante ese fracaso se debe transitar.

Habrá que ver si en congruencia con esta nueva postura fruto de la consulta nacional se replantea la estrategia de combate que se despliega contra el narco en varios estados de la República, incluido nuestro estado.

El presidente anunció que será mañana jueves cuando explique cómo se implementará en México lo que expuso en la Organización de las Naciones Unidas. Quedamos atentos de ello y de la incidencia o no que tenga en las políticas mundiales para enfrentar el fenómeno del consumo de drogas.

 

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jaime.barrera@milenio.com