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Por la resurrección de una fiscalización en coma

Tras años de padecer a una Auditoría Superior del Estado de Jalisco (ASEJ) que desvirtuó la fiscalización de los recursos públicos casi hasta su desaparición, y que lo único que hizo por la transparencia fue construir un megaedificio con la fachada de cristal que se edificó en total opacidad, finalmente hoy se abre el debate para buscar un nuevo modelo de revisión del gasto del dinero de todos.

De entrada, en nuestra edición de hoy le damos a conocer un adelanto de la iniciativa que el G9, este grupo de diputados del Partido Acción Nacional y del Partido Movimiento Ciudadano, están a punto de presentar para debatir en el Congreso local. Uno de sus miembros, el aún diputado panista Guillermo Martínez Mora, prometió que esta propuesta para buscar un nuevo modelo de fiscalización, la presentarán formalmente en la primera sesión ordinaria que tenga el Congreso en el mes de agosto.

El planteamiento central de esta iniciativa, que revisaron especialistas en la materia como el  Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) que tiene un estudio del trabajo de todas las auditorías superiores de México y otras partes del mundo, es quitarle el control unipersonal a la rendición de cuentas, acotando la figura del auditor, y otorgando atribuciones a un órgano técnico para que realice auditorías especiales al trabajo del fiscalizador.

Este debate será impulsado de manera decisiva además por la primera propuesta de ley sobre la materia, nacida de la ciudadanía, que será presentada hoy en el Congreso.

Se trata de la iniciativa ciudadana por una nueva Ley de Fiscalización y Rendición de Cuentas del Estado de Jalisco, que presentan en un hecho inédito en México dos organizaciones de la sociedad civil: el Congreso Ciudadano y el Observatorio Legislativo.

Lo valioso de esta iniciativa es que materializa el sentir de muchos sectores de la comunidad que vienen exigiendo cambios en la ASEJ desde finales del 2010, cuando se descubrió que el titular del órgano fiscalizador del gasto público, Alonso Godoy Pelayo, lejos de ser el garante de los intereses de los ciudadanos, se convirtió en el más celoso guardián de la trama corrupta que lo sostiene y que envuelve a nuestra clase política y gubernamental.

Es en torno a esta propuesta formal donde pueden confluir todas esas voces de irritación que fueron ignoradas, pero que tampoco lograron articularse bajo algún liderazgo para con sus movimientos incidir más allá de la manifestación para exigir la salida del auditor y la presentación de solicitudes de juicio político y de denuncias penales que mantienen sin avance, por los amagos de un pervertido poder que deja pasar las corruptelas para luego convertir en cómplice a quienes las cometen.

Interesante será ver en esta hora de la verdad cómo reciben el PRI, el PAN y el PRD la iniciativa del G9, pero sobre todo cómo arropan o combaten esta primera iniciativa ciudadana que los obliga a romper con la sumisión mostrada hasta hoy por la mayoría de los diputados.

Habrá que estar atentos y registrar claramente las posturas.

jaime.barrera@milenio.com

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