Radar

Un recuerdo de Luis a 48 del 68

Lamento la imposibilidad de haber tenido una nueva charla al aire sobre el movimiento estudiantil de 1968, que dio sentido hasta el último día de su vida el domingo pasado, con el entrañable Luis González de Alba, y no sólo tener que recordar y retransmitir ayer, la que tuvimos el 2 de octubre del 2013 en MILENIO RADIO, al conmemorarse 45 años de aquella marcha que reprimió a sangre y fuego el gobierno del Presidente Gustavo Díaz Ordaz, en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco, y luego de la cual Luis fue golpeado y llevado a un campo militar y un mes después, encerrado en la cárcel de Lecumberri.

“Una plática con Luis a 45 del 68”, titulé el Radar del 2 de octubre de hace tres años, a manera de anuncio de la entrevista que tendríamos ese mediodía y que le había pedido días antes, para que un dirigente histórico del 68 narrara a nuestra audiencia los momentos claves de aquel episodio y sus repercusiones en el México de la consolidación de su vida democrática, a la que su activismo tanto contribuyó.

Sin embargo, justo tres años después, nuestro querido y brillante columnista de Grupo Milenio desde el 2002, nos sacudió a todos al elegir irse de este mundo a 48 del 68, fecha que como a él, marcó al País para siempre.

Recordamos entonces cómo entró a aquel movimiento como un joven recién egresado de psicología, representante de la Escuela de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en el Consejo Nacional de Huelga. Nos describió el momento en que se infiltró el llamado Batallón Olimpia, para disparar a los militares y policías, y justificar así la agresión a los manifestantes que dejó a cientos de muertos, heridos y desaparecidos. De su reflexión sobre lo que aportó el 68 al México de hoy destaco su convicción de que más que demandas materiales, el movimiento del 68 lo que buscaba era la conquista de libertades en aquella sociedad profundamente autoritaria. Y también lo que bautizó como el “Síndrome de Tlatelolco”, que me dijo, paraliza a las autoridades al permitir abusos y prepotencias que violan el derecho de terceros en manifestaciones que manipulan los que soterradamente sólo buscan mantener canonjías y privilegios de poder.

Esa vocación de constructor de un País más libre, culto, democrático y tolerante no la abandonó nunca y la ejerció a plenitud como divulgador científico, escritor, poeta y músico. Como promotor de los derechos homosexuales y fundador de la Fundación Mexicana contra el SIDA. Pero también como impulsor de sindicatos como el de la UNAM o y de partidos como el PRD, del que terminó siendo un severo crítico por dejar sus espacios de dirección a ex priistas. 

Luis fue vecino por años de Chapalita, hasta que hace cuatro años se mudó a la Calle Vidrio, por Chapultepec. Ahí había empezado a organizar a los vecinos para exigir a las autoridades una mejor regulación de los antros que operan en la zona y que afectaban a la comunidad. En estas estaba cuando prefirió irse al remanso de sus recuerdos, amores y melodías de la Isla de Poros, al 48 del 68.

jaime.barrera@milenio.com

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