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Rafa y Julión ¿Lavanderos?

Misil político de Donald Trump contra Enrique Peña Nieto o no, lo cierto es que la acusación del Tesoro de los Estados Unidos además de pegar en la línea de flotación al prestigio y reputación de los dos ídolos populares más grandes del pueblo mexicano, puso en evidencia de nueva cuenta cómo han permeado y echado raíces las mafias en la comunidad jalisciense, por el blindaje que les brinda la impunidad por la corrupción de autoridades y complicidad de empresarios ávidos de fortunas malhabidas.

La lectura injerencista interpreta que este golpe es la venganza de Trump a la filtración la semana pasada de la conversación telefónica que tuvo con Peña Nieto, en la que se vio mal. El momento del disparo lo habría dado la selfie del presidente con Julión, el lunes pasado, cuando junto con el gobernador chiapaneco del Partido Verde, paseaban en lancha en el Cañón del Sumidero, y que por cierto, fue borrada al día siguiente de las redes presidenciales.

Ficción política o no, lo cierto es que la investigación que inició el gobierno de Estados Unidos desde hace 10 años por las presuntas actividades de narcotráfico y lavado de dinero de Raúl Flores Hernández, alias "El Tío", y quien se hacía llamar también Miguel Casas Linares, que se dio a conocer ayer, y cuya red delincuencial, asegura EU, incluía a familiares como el regidor perredista de Autlán y ex diputado local suplente del partido Movimiento Ciudadano en la pasada Legislatura, Felipe Flores Gómez (su primo y hermano de Félix Flores Gómez, quien en vida fuera dirigente fegista y destacado político priista) y un grupo de más de 20 operadores en los que figuran familiares del capo prófugo Rafael Caro Quintero, y prestanombres que incluyen al más grande futbolista en activo del País, Rafael Márquez, y al cantante más escuchado actualmente, Julión Álvarez, estuvo ahí para lo que se ofreciera.

Es en esta trama corrupta en la que quedaron atrapados estos exitosos y admirados personajes, tal vez confundidos por la amplia red de contactos que le veían a su amigo Raúl Flores y familia, y que les hizo pensarlo intocable, y perder la dimensión de la gravedad de aceptar sus apoyos y propuestas de negocios, incluida la compra del equipo Atlas. Hay que decir también que ya en varias ocasiones estas investigaciones del Tesoro han hundido reputaciones sin tener pruebas contundentes ni el sustento jurídico necesario, sin embargo es claro que Rafa y Julión tendrán que hacer mucho más que lo mostrado ayer para deslindarse del caso.

Pero sin duda lo más grave es que se descubra de golpe, y otra vez por investigaciones extranjeras, como el más reciente caso del Fiscal de Nayarit, Edgar Veytia, de la existencia de presuntos delincuentes que se pasearon e hicieron redes de negocios de lavado de dinero (más de 64 en Jalisco en este caso), a lo largo de décadas, sin que ninguna autoridad, empresario o vecino denunciara algo. Una prueba más del arraigo de la cultura de la ilegalidad que nos mancha a todos.

jaime.barrera@milenio.com
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