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La promesa pendiente de una nueva movilidad

Después de un muy buen arranque en el 2013, cuando gestionaron exitosamente la  aprobación de la nueva Ley de Movilidad, tras décadas de intentos infructuosos, en el 2014 se avanzó poco en una de las grandes promesas del gobierno de Jorge Aristóteles Sandoval: la modernización del transporte público.

Como lo he planteado aquí la buena ruta que mantuvieron hasta marzo pareció perderse con los aparatosos accidentes que cobraron más vidas y que obligaron a reducir de 7 a 6 pesos la tarifa, factor que ha venido a tensar la relación entre las autoridades y los transportistas y a entrampar la transición del modelo de “hombre-camión” al de “ruta-empresa”, eje clave para lograr que los usuarios tengan por fin un mejor servicio.

Si bien se logró el padrón único de transportistas que permitió tener por primera vez un registro real de rutas, y poner un freno a la modificación arbitraria de los derroteros que fue una nociva práctica de siempre de muchos camioneros, lo cierto es que lo que urge es pasar a la reestructuración de las rutas para terminar con la saturación de unidades en los mismos recorridos y la consiguiente disputa mortal por los pasajeros. Si no se modifica esta condición de muy poco servirán los cursos de capacitación para mejorar el trabajo de los operadores.

Mientras no ocurra la reestructuración, ni el cambio de unidades viejas por nuevas, ni la instalación de letreros luminosos de la ruta, de videocámaras,  de sistemas de localización y de parabuses con pantallas, podrán cambiar la mala percepción que tienen los usuarios del transporte público y parar las muertes del transporte público.

En este sentido, no sólo se debe buscar incrementar la certificación de las rutas, que por lo demás apenas alcanza un 5 por ciento, ni apelar sólo al endurecimiento de los operativos, que ha quedado demostrado no han servido para abatir los accidentes en los que se han visto involucradas las unidades de transporte público.

Queda claro que en la Secretaría de Movilidad, que encabeza Mauricio Gudiño, se debe replantear la relación con los transportistas para incentivarlos de nuevo al cambio, privilegiar los lineamientos técnicos para empezar de una buena vez con la reestructuración y sobre todo volver a poner el tema como una prioridad, que pareció verse desplazada por el inicio de la construcción de la Línea 3 del Tren Ligero.

Porque la modernización del transporte público es indispensable para el cumplimiento de la meta gubernamental de lograr un nuevo modelo de movilidad que rompa con el círculo vicioso que por privilegiar el rol del auto, todos pagamos con la contaminación del aire, la saturación de calles y los largos y lentos traslados que padecemos y que agotan nuestro tiempo y nuestra calidad de vida.

Mañana los pendientes de la agenda verde.

jaime.barrera@milenio.com

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