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El policía  "sensei" y "El Cuau"

La trifulca verbal que desató el improvisado alcalde de Cuernavaca, el ex ídolo futbolero Cuauhtémoc Blanco, por su oposición al mando único policial, y la ruda respuesta del gobernador perredista de Morelos, Graco Ramírez, al afirmar que el narco se quiere aprovechar de la inexperiencia del ex americanista, y al atribuir el asesinato de la joven presidenta municipal de Temixco, Gisela Mota, a la delincuencia organizada por sí aceptar ese modelo policial, visibiliza nuevamente la vulnerabilidad de los alcaldes y sus débiles policías municipales y el poco éxito alcanzado en la pretendida coordinación en esta materia entre las corporaciones federales, estatales y municipales.

Mención aparte merece la extraordinaria enseñanza que El Cuau está dando a los votantes de este país de los riesgos que implica para una ciudad  elegir a alguien sin la mínima formación ni experiencia para gobernar en despecho por la degradación de los partidos políticos. Tener como único argumento que rechaza el mando único porque “la gente así se lo pidió” e ignorar los datos que acreditan una notable reducción de los índices delictivos bajo ese modelo policial en Cuernavaca, es la prueba más clara que pese a su exitosa carrera futbolística no tiene capacidad para entender y manejar asuntos públicos. Ojalá aprendamos todos la lección y la festejemos como sus “cuauhtemiñas”.

Pero para retomar el asunto de la crisis policial de los municipios, el sometimiento de muchos alcaldes en México al poder corruptor de las mafias y las dificultades para poder implementar mandos únicos estatales bien coordinados con la Federación y los municipios, nada mejor que la surrealista historia que ocurrió en el también municipio morelense de Tlayacapan, donde el alcalde del Partido Nueva Alianza, Dionisio de la Rosa, que también se oponía al mando único, puso de su jefe policial a un joven de 19 años por considerarlo experto en artes marciales. El problema del Sensei Abel, es que no tenía ninguna experiencia policial ni había presentado un solo examen de control de confianza, requisito indispensable para asumir el cargo.

Esta pifia que ilustra cómo muchos alcaldes ceden ante las presiones del narco, junto a los casos más trágicos de decenas de presidentes municipales y regidores asesinados por resistirse a este poder fáctico, en la última década, debe urgir a retomar la discusión de las iniciativas que tanto en su momento envió el Presidente Felipe Calderón, como en 2014 el presidente Enrique Peña Nieto, para debatir y definir con claridad qué modelo policial se debe construir tomando en cuenta también las opiniones de Gobernadores y alcaldes.  

Sólo así se librará de la amenaza de “plata o plomo” de los capos en la que están atrapados muchos alcaldes de todos los partidos políticos y sus jefes policiales, no sólo en Morelos, donde el tema hizo crisis, sino en muchos estados de la República, incluido Jalisco.

 

twitter: @jbarrera4   

jaime.barrera@milenio.com