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Una plática con Luis a 45 del 68

Hoy poco después de las 13:00 horas, en la segunda emisión de MILENIO NOTICIAS en el 89.1 de FM platicaré con Luis González de Alba, uno de los protagonistas del movimiento estudiantil que fue reprimido por el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz, aquel 2 de octubre de 1968 en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco, episodio que marcó el principio del fin de la era del PRI como virtual partido único en México.

Hace 45 años, Luis era un joven recién egresado de psicología, quien representaba a la escuela de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en el Consejo Nacional de Huelga, y uno de los que encabezaba la marcha estudiantil en la que se infiltró el llamado Batallón Olimpia, para disparar a los militares y policías, y justificar así la agresión a los manifestantes que dejó a cientos de muertos, heridos y desaparecidos.

Nacido en San Luis Potosí, pero avecindado desde hace años en la Colonia Chapalita, Luis terminó aquella noche detenido en Tlatelolco y preso en la cárcel de Lecumberri en el Distrito Federal.

Durante sus poco más de tres años de reclusión, el hoy escritor, divulgador científico, promotor de los derechos homosexuales, fundador de la Fundación Mexicana contra el SIDA, y columnista de GRUPO MILENIO, hizo un primer recuento e interpretación de lo sucedido el 2 de octubre, en su novela Los días y los años.

“No sabemos todavía quién ordenó integrar y filtrar al Batallón Olimpia durante la manifestación, y que éste iniciara el fuego”, le reveló a mi compañero Enrique Vázquez, quien en la sección de Cultura de nuestra edición de hoy le presenta una entrevista con González de Alba, en la que habla de su último libro Nunca hubo barco para mí. En él se contiene un capítulo donde presenta sus más recientes reflexiones sobre el movimiento del 68, en el que también fue protagonista el ex gobernador jalisciense y secretario de la Defensa Nacional en aquel momento, Marcelino García Barragán, fundador de un influyente y poderoso grupo político, que estuvo a punto de llevar a su hijo, Javier García Paniagua, a la presidencia de la República en 1981.

Quién mejor que Luis para reflexionar sobre el significado y la trascendencia de aquel momento crucial en la historia de México, y que empezó a romper el monopolio del partido único y fue el germen de la participación ciudadana, que siguió creciendo en 1971 con el Halconazo de Luis Echeverría, con la reforma política de 1977, con las corrupciones y negligencias de los sismos de 1985, con el despertar de los reclamos electorales de 1988 y la alternancia electoral en el año 2000.

Más aún ahora que como Luis lo ha planteado en las últimas semanas en estas páginas, hoy, a 45 años de lo ocurrido en Tlatelolco, muchos añoran su 68 pero con los abusos y prepotencias que sólo permite el “Síndrome de Tlatelolco”, con el que iniciaremos en un rato la charla. Los esperamos.

twitter: @jbarrera4