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El perdón del Presidente y el SNA

Enrique Peña Nieto se colocó ayer de nueva cuenta en el centro de la polémica por el perdón que pidió a los mexicanos por el episodio de la malograda operación multimillonaria de la megaresidencia conocida como la Casa Blanca, que pensaba comprar la pareja presidencial a los propietarios del Grupo Higa, contratista del gobierno federal y del Estado de México, cuando el ahora presidente fue gobernador.

Lo cierto es que el Presidente no tenía otra opción. Sin duda, junto con la crisis que inició en septiembre del 2014 por el caso de la de-saparición de los 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa, el mayor golpe a la credibilidad de Peña Nieto y de su gobierno fue la crisis política que le provocó la revelación de la compra de esta mansión en Las Lomas en la Ciudad de México, dos meses después. No podía, por lo tanto, promulgar el Sistema Nacional Anticorrupción (SNA) sin hacer referencia a este escándalo. Eligió la narrativa de pedir perdón al País y confirmar las lecturas que ya se habían hecho del caso: que fue un tema “que causó gran indignación”, “que lastimó la investidura presidencial”, y que “dañó la confianza en el gobierno”.

La cuestión es que para dar un verdadero significado a ese “perdón”, este debería venir acompañado de una reapertura del caso, ya que la investigación que realizó Virgilio Andrade, quien ayer renunció a la Secretaría de la Función Pública por la entrada en vigor de las siete leyes que dan forma al SNA, dejó más dudas que certezas y logró muy poca o nula credibilidad.

Por lo pronto, tanto la petición de perdón del Presidente como la renuncia de Andrade como el último secretario de la Función Pública que será designado por el Ejecutivo sin ratificación del Senado, marcaron el inicio del SNA, que sin ser la panacea, es un paso muy importante para iniciar la construcción de las nuevas instituciones que requiere el País para contener, combatir y castigar con mayor eficacia el fenómeno de la corrupción y la impunidad que la reproduce.

Desde luego habrá que estar muy pendientes y vigilantes de las decisiones que vendrán para darle vida a las instancias que nacen con la promulgación de estas siete leyes, en las que sin duda destaca la Fiscalía Anticorrupción y la selección de los cinco distinguidos ciudadanos que integrarán el primer Comité no gubernamental que contempla el SNA.

Clave en el logro de este avance fue la participación de la ciudadanía a la que convocaron organismos de la sociedad civil, cámaras empresariales y universidades, con lo que se logró vencer las resistencias y obstáculos que desde el poder presentaron los sectores más autoritarios y opacos de todos los partidos políticos, y que quedó en evidencia con la oposición inicial que mostraron a la iniciativa de la Ley #3de3.

Esa participación ciudadana deberá crecer para continuar con la construcción de este nuevo andamiaje que permita cumplir con la principal demanda de las actuales generaciones de tener un México sin la impunidad que ha degenerado en niveles de corrupción que casi nos llevan a un estado fallido.

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jaime.barrera@milenio.com