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La inspiradora hazaña Iñárritu-Lubezki

La teoría del periodismo marca que uno de los criterios para decidir qué cosa tiene o no interés periodístico y debe ocupar un espacio en los contenidos informativos, es justamente el de la hazaña.

Por ello a partir del domingo, un claro ejemplo de este criterio de interés periodístico es lo logrado en el cine mundial por los mexicanos Alejandro González Iñárritu y Emmanuel Lubezki.

A eso se debe que no sólo en la prensa mexicana, sino en la del mundo,  la foto de El Negro salió casi en todas las primeras planas para dar cuenta de las tres estatuillas que recibió por su película Birdman, que resultó premiada como mejor película, por presentar el mejor guión original y considerarlo como el mejor director de cine del 2014, además del reconocimiento como mejor fotocinematografía, que recibió El Chivo Lubezki, el domingo en la 87 entrega de los Premios Oscar. Para este último, fue el segundo galardón en forma consecutiva, ya que en la edición 86 recibió la misma distinción por su trabajo en Gravedad, del también mexicano Alfonso Cuarón, quien en esa ocasión recibió igual el Oscar como mejor director por ese filme.

Por eso más allá del debate de si estos premios se deben considerar o no logros del cine mexicano o si ayudarán de alguna forma a esta industria en México, lo menos que podemos decir es que las conquistas de estos mexicanos que hicieron sus pininos cinematográficos en nuestro País, en una generación a la que también pertenece el tapatío Guillermo del Toro, deben ser inspiradoras para todos los mexicanos, en especial para las generaciones jóvenes.

De entrada por el riesgo asumido por González Iñárritu de ir por una historia, por una apuesta cinematográfica que es toda una crítica al cine hollywoodense, que privilegia la inmediatez del éxito y el morbo, el ego y la fama, sobre la difusión de un auténtico séptimo arte. Innovación y provocación  que no sólo le fue aceptada sino inéditamente premiada por la comunidad cinematográfica y festejada con un inmejorable toque de humor mexicano por parte del actor estadounidense  Sean Penn, quien expresó esta pregunta al anunciarlo como ganador: “¿Quién le dio a este hijo de puta su permiso de residencia (la greencard)?”.

Llegar a ese conocimiento y dominio del mercado cinematográfico más competido del mundo significaron años de trabajo, disciplina, sacrificios y desarrollo de talento, que contrasta con la cultura de la transa  para el logro de recompensas en el corto plazo pero con satisfacciones efímeras con altos niveles de frustación que propaga la cultura de la corrupción política y del narco.

Es una buena noticia también que dentro del momento festivo por colocarse en la cima de la cinematografía mundial, estos exitosos cineastas mexicanos aprovechen esa tribuna a la que cada año pone atención casi todo el planeta para lanzar potentes mensajes en los que hacen una crítica al ejercicio de gobierno de su país de origen y de residencia. Así lo hizo ayer El Negro González Iñárritu, y un año antes Alfonso Cuarón. Ojalá sus discursos incidan como su cine.

 

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jaime.barrera@milenio.com