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Hacinamiento, el otro lastre en Puente Grande

Además del autogobierno delincuencial que ha prevalecido por años en el núcleo penitenciario de Puente Grande, otro lastre que propició a éste, y a la vez, es su principal factor de fortalecimiento y arraigo, es el hacinamiento que también desde hace años registran estas cárceles en Jalisco.

Es claro entonces que si de verdad hay la voluntad política de recuperar el control de estos centros penitenciarios, además de castigar a los funcionarios omisos y cómplices que han permitido que las mafias manden en los presidios y sustituirlos por los que hagan valer las funciones del estado, también se debe trabajar ya para empezar a abatir los altos índices de sobrepoblación. Las saturadas cárceles de Puente Grande representan hoy una población carcelaria cautiva llena de carencias y fuente inagotable de explotación económica que incrementa el poder corruptor y de fuego de la delincuencia organizada a la que responde el autogobierno, como quedó claro en las imágenes del narcorreventón celebrado en junio de 2013 en el Reclusorio Preventivo que reveló GRUPO MILENIO.

Se dirá que la despresurización de las cárceles es un asunto de dinero y que por las condiciones de estrechez financiera de los presupuestos públicos no es viable construir nuevas prisiones para resolver el problema. Desde luego que es una variable importante en la que no se puede dejar de trabajar con nuevas gestiones, para, por ejemplo, dar mejor mantenimiento a las actuales y terminar los que están a medio construir como el Reclusorio Metropolitano y los regionales, como el de Ocotlán. Pero también es cierto que hay más alternativas que pueden ayudar y que están contempladas en la Ley Nacional de Ejecución de Penas (LNEP). Son las que tienen que ver con la mejor aplicación del Nuevo Sistema de Justicia Penal para no enviar más delincuentes menores a las cárceles, y revisar cada uno de los casos de los miles de presos que están sin condena.

De acuerdo a las cifras del Análisis Penitenciario realizado en enero de este año por el centro de análisis Jurimetría, Iniciativas para el Estado de Derecho A.C. que le presentamos a detalle en nuestra edición de hoy, Jalisco tiene 2 de las 8 cárceles más sobrepobladas del País, junto con el Estado de México, Nayarit y la Ciudad de México. El tercer lugar lo ocupa el Centro de Readaptación Social con un 285.82 por ciento de hacinamiento al tener 5 mil 965 reos en un penal construido para 2 mil 87. En el octavo lugar aparece el Reclusorio Preventivo de Guadalajara con un 180.12 por ciento de sobrecupo, con 6 mil 540 detenidos en un espacio diseñado para 3 mil 631.

Por eso, las autoridades tienen a la mano una muy clara vía para empezar a despresurizar las cárceles y ganar más margen para poner orden y someter a los autogobiernos: revisar los expedientes de los internos que tienen años en la cárcel sin tener sus procesos concluidos y que representan más de la mitad de la población carcelaria, el 52.6 por ciento, que ubican a Jalisco, según este mismo estudio como el quinto lugar de los estados con el promedio más alto de internos sin condena. En eso pueden empezar a aplicarse ya.

jaime.barrera@milenio.com
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