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A gozar o sufrir dos horas con el Tri

El arranque de la Copa Mundial de Brasil 2014, el gran negocio  privado de los que viven del deporte con más seguidores en el mundo, fue ayer tendencia en las redes sociales y tema de polémica entre conocedores y no conocedores, aficionados y detractores del futbol en todos los países del planeta.

Yo por ejemplo, disfruté mucho la charla que tuve en MILENIO RADIO con Laura Ibarra, académica de la Universidad de Guadalajara, doctora en sociología, historia y psicología por la Universidad de Freiburg, en Alemania, a partir de su artículo que publicamos ayer titulado “El balón y las leyes de la vida”, como presentación a un muy interesante e innovador ejercicio periodístico que a partir de mañana presentará en nuestras páginas a propósito del Mundial y de los partidos de México.

En la conversación, que reproducimos en la edición de hoy y las redes sociales de MILENIO, la especialista ahondó sobre las analogías que encuentra en el mundo del  futbol y la dinámica y reglas de la vida humana: cómo el balón recupera el impulso inicial de la humanidad por cazar a la presa para su sobrevivencia; cómo los tiros penales representan los castigos a las faltas cometidas; o cómo el gol, tan imprevisto como esperado (mucho más que las canastas en el baloncesto o los hits en el beisbol), regresa los momentos de euforia a las comunidades modernas que por sus dinámicas sociales han homogeneizado las emociones.

Desde el profundo conocimiento que tiene del comportamiento humano y la intensidad y pasión con las que vive el futbol, Laura nos invita a superar el falso debate de si el futbol más que deporte es el opio del pueblo o el circo para distraer de los grandes asuntos públicos, y nos invita así a gozarlo o a sufrirlo:

“Si el futbol ‘imita’ a la vida, a quién le puede extrañar que por algunos momentos la vida sea suplida por el futbol” y a que veamos “cómo las leyes del balón son las mismas que las leyes de la vida y que la existencia bien puede reducirse por un par de horas a lo que ocurre en el lugar sagrado de la cancha”.  

Esperemos pues a que den las once de la mañana para gozar o sufrir dos horas con lo que ocurra con la selección de México cuando se enfrente a Camerún en la cancha del Estadio Dunas, en Natal, en el convulso Brasil, donde muchos cuestionan el gasto récord en la organización del mundial.

Sobre todo  porque los más optimistas dan cuando mucho cuatro partidos al Tri, que llegó literalmente de milagro a la justa mundialista y arrastra los vicios de una Federación Mexicana de Futbol que reproduce en versión corregida y aumentada los males del país.

Tenemos pues cuando mucho ocho horas para entregarnos al futbol sin que por ello dejemos de preocuparnos de lo verdaderamente importante.

 

twitter: @jbarrera4   

jaime.barrera@milenio.com